Con la sensación de vértigo de estar asistiendo a uno de esos momentos que cambian la historia y que sólo se producen de generación en generación, las casi 8000 personas que abarrotaban el Palacio de Vistalegre y los otros miles que siguieron el desarrollo de la asamblea por Internet escucharon el discurso de bienvenida de Pablo Iglesias que fue interrumpido en múltiples ocasiones por gritos entusiasmados de "Sí se puede" y "el pueblo unido jamás será vencido".

Pablo Iglesias se dirigió no a un sector concreto del electorado sino a la mayoría social "que apuesta por la decencia", a la mayoría social que "quiere que los ricos paguen impuestos", que sabe que el problema de la crisis "es que hemos estado gobernados por golfos y por mangantes", que apuesta por democratizar la economía para acabar con la corrupción.

Así, afirmó, Podemos como fuerza política aspira a posicionarse en la centralidad del tablero, en ser una fuerza aglutinadora de todos aquellos que apuestan por un modo más participativo, decente y limpio de gobernar.

Iglesias reivindicó una idea de país que se define por sus progresos en educación y en sanidad, donde se construyen escuelas y no se cierran hospitales, un país en que el pueblo pueda vivir con dignidad, ya sea hablando una u otra lengua. Y ante es país soñado, contrapuso el que defienden "los de CIU, PP o PSOE", "que no tienen más patria que sus cuentas bancarias". Ante un público ilusionado que constantemente le interrumpía con aplausos, Iglesias continuó diciendo que no es "la casta" la que hace que los servicios públicos funcionen, que los trenes lleguen a su hora, que los hospitales y las escuelas estén abiertas sino la gente.

"Y esa es nuestra patria: la gente".

El eurodiputado de Podemos recordó a los cientos de miles de españoles que han tenido que exiliarse en el extranjero arrojados de un país que no les ofrece oportunidades para ganarse la vida. Se sintió orgulloso de la multitud de círculos organizativos de Podemos que existen en todo el mundo y pidió un aplauso a la asamblea para todos ellos diciendo "pero queremos que vuelvan".

Reivindicó el modelo democrático participativo de Podemos en contraposición con el del resto de partidos políticos y recordó a las decenas de miles de personas que colaboraron ya fuese económicamente o con "con su inteligencia y su creatividad" para hacer "una campaña que se estudiará en las facultades de ciencia política".

Pablo Iglesias terminó diciendo que no se conformaban con ser segundos, que Podemos estaba aquí para ganar y cambiar las condiciones de vida de los españoles. Finalizó su discurso con una frase de Karl Marx: "El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto".

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