La consejera de educación María José Català decidió al término del curso pasado que este año los alumnos de primaria, secundaria y bachillerato iniciarían sus clases a principios del mes de septiembre, concretamente el día 3. A diferencia de éste, el curso pasado arrancó dos semanas después, alrededor del 15 de Septiembre.

El motivo principal de la consejera para acometer esta reforma es acabar el curso con anterioridad. Este año las clases acabarán a mediados de Junio y las recuperaciones tendrán lugar a finales del mismo més, evitando así los exámenes de suficiencia que se practicaron en Julio los últimos dos años. Cuando la militante del Partido Popular anunció su propuesta, poca gente la apoyó y mucho menos los padres de esos niños que eran las auténticas víctimas de esta reforma. A pesar de todo Català se mantuvo en sus trece y decidió ponerla en práctica.

Los problemas serios han llegado ahora, cuando los niños han empezado sus clases y llegan a casa empapados de sudor. Los profesores no se quedan atrás y también se quejan de estar soportando día a día tan elevadas temperaturas. Lo más gracioso de todo es que únicamente la Comunidad Valenciana, una de las regiones con las temperaturas más altas de todo el país, ha puesto en práctica semejantes cambios en el ámbito educativo; No podía ser otra comunidad más fría como Asturias o Galicia...

Ante tal situación los profesores y padres de los alumnos han unido sus fuerzas para protestar ante una ley tan absurda como esta. Desde muchos colegios se han enviado carta a las familias de los estudiantes informando de la suspensión temporal de las clases durante la semana que viene o la modificación de las actividades. El director de un colegio de Alicante ha enviado una carta a los padres apoyándose en el artículo 468/1997 "La temperatura donde se ejerza un oficio sedentario debe estar entre 17 y 27ºC", así que si la temperatura supera los 27ºC los niños saldrán al patio para practicar juegos de agua.

Los padres, por su parte, están actuando de diferentes formas. Mientras unos han decidido no llevar a sus hijos a clase otros les llenan la mochila de botellas de agua para evitar deshidrataciones. Ante todo este revuelo, la consejera responde a las protestas con un simple: "no es mi culpa que haga calor", mientras los padres se siguen movilizando para que el año que viene vuelva a cambiar la situación a la que ya estábamos acostumbrados.


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