2

Parece que fue ayer cuando una fría mañana madrileña del 25 de Enero de 2012, el entonces recién estrenado Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón Jiménez se presentaba por vez primera en el Congreso, que a su vez estrenaba también integrantes con una aplastante mayoría del Partido Popular en la nueva legislatura. El Ministro de Justicia comparecía ante los diputados para defender a capa y espada, su proyecto estelar, el Anteproyecto de Ley de Aborto que se conocería hasta estos días, como la ley Gallardón. El documento en cuestión se trataba de una reforma sobre salud sexual que estaba incluida en el programa electoral presentado por el candidato del PP Mariano Rajoy para darle la carta ganadora en la batalla por los votos en Noviembre de 2011.

Cabía esperar que el señalado idóneo para llevar a buen fin y cumplimiento dicha misión, era el fiscal y hasta ese momento, alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. No sería nada raro que dicho nombramiento fuese dictado por la misma institución que señaló la reforma como un compromiso ineludible con el clero español: la Conferencia Episcopal Española.

Mirado a través del tiempo, el anteproyecto de ley del aborto ha vivido momentos tan dulces como amargos desde el triunfo del Partido Popular en las elecciones generales del pasado 20 de Noviembre de hace ya tres años.

Dos meses después de aquel momento jubiloso en el balcón de la sede capitalina del PP en el que vimos a un Rajoy eufórico saltando y saludando desde el balcón de Génova, acompañado de su equipo más cercano e igualmente feliz, un Ruiz Gallardón acudía con flamante puesto al frente del Ministerio de Justicia, a su primera intervención ante el Congreso para recordar ahí su compromiso de hacer posible "un cambio de la actual regulación del aborto para reforzar la protección del derecho a la vida".

Vídeos destacados del día

La vida continúa y el ex alcalde de Madrid, a quien deben los madrileños el nombramiento por "dedazo" de Ana Botella, hizo del anteproyecto de Ley del Aborto salud sexual, el principal cometido y marca de su gestión.

En Diciembre del 2013, el ministro de Justicia deja, para las delicias del medio periodístico, una de las perlas que más tinta hizo correr: "La libertad de maternidad es lo que a las mujeres les hace auténticamente mujeres". Para entonces, el impulso de Ruiz Gallardón, el monaguillo de la CEE y portavoz - ¿involuntario? - del Opus Dei, en relación con la reforma de la ley de aborto y la derogación de la ley de matrimonio civil creada por la anterior legislatura, había alcanzado niveles no insospechados en el ranking de "movidas polémicas e impopulares". Pero a él las pitadas, periodicazos y todo tipo de exclamaciones en las numerosas manifestaciones convocadas por grupos feministas y pro igualdad de género y el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, no le movían de su postura, a sabiendas que no faltaba objeción y oposición a su iniciativa de reforma en la cámara de diputados, incluso, provenientes de su propio grupo parlamentario, personificado dicho rechazo, en la persona de la vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos que desde un inicio hizo manifiesto su deseo de que el anteproyecto Gallardón no viese jamás la luz.

A principios de este convulso 2014, el Partido Popular en el Congreso da una zancadilla a las iniciativas opositoras a la reforma de la Ley de Aborto y el ministro Gallardón acepta mejoras que "no desvirtuarán el proyecto". Unos días más tarde, el presidente Mariano Rajoy acepta que la reforma del aborto tiene puntos "polémicos". Rajoy atiende a las voces desacordes dentro del PP y se desmarca de las posturas inmovilistas de Gallardón al afirmar que el anteproyecto es "susceptible de mejoras". No pasaría más de una semana cuando el ministro de Justicia intenta suavizar las reacciones y apaciguar a los detractores de su anteproyecto en su propio partido y argumentando que "en los casos de malformación fetal, la mujer podrá interrumpir el embarazo alegando daños psicológicos avalados por dos psiquiatras". La otra excepción que contempla la reforma sería en caso de violación. No obstante, en numerosas ocasiones, el promotor de la reforma ha declarado que le parece "injusto" acabar con la vida de un inocente por "culpa de uno de sus progenitores".

Paralelo a la discusión parlamentaria sobre la ley de aborto, se trastocó la Ley de Dependencia - aprobada también en la anterior legislatura bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero - en diversas autonomías, dejando en la indefensión total a las mujeres españolas que, ante la imposibilidad de interrumpir su embarazo, si la ley Gallardón se hubiese aprobado tal como él la gestó, darían a luz a un niño con malformaciones o enfermedades cuyo tratamiento y asistencia representaría un gasto que en estos tiempos, cientos de miles de familias no sólo no podrían afrontar, sino que se encontrarían desamparadas y sin acceso a ayudas del Estado para atender a su hijo con dependencia física, mental o ambas que van del 20 al 80%. Esta situación se le debe, en gran parte, a la muy cuestionable gestión de la titular de Sanidad, Ana Mato y a la influencia de la implacable Dolores de Cospedal y las decisiones que ésta ha tomado al respecto de las ayudas que contempla la mencionada ley.

A fines de Febrero, el que fuese el secretario del principal partido de oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba recibió una oferta por parte del ejecutivo para sostener un diálogo. El ex líder del PSOE, reprochó a Rajoy que éste pretendiera sustituir una ley "que nos homologa a Europa y ha conseguido que se bajen los abortos" por otra que "favorece sólo a la clase pudiente".

Pero los palos no le llegan a Gallardón sólo de la oposición o de su propio partido, desde el ministerio que representa, no dejan de caerle las pértigas. Antes de finalizar el segundo mes del presente año, el Consejo General del Poder Judicial, pide, a través de un informe del que entonces solo había un borrador, que se retire el anteproyecto de reforma de la ley de aborto por considerarlo un retroceso tanto legal como jurídico.

Toda vez que el Ministro Gallardón expresa su parecer acerca de éste o cualquier otro asunto que atañe a su ministerio, "sube el pan y la gasolina". Según se lee en el diario El País del 17 de Marzo, Ruiz Gallardón parece ceder un poco a la presión política y social y afirmó preparar algunas modificaciones al documento del anteproyecto de reforma. A saber si dichas modificaciones fueron realizadas en efecto, lo cierto es que el Ministro de Justicia no despreció ocasión alguna para expresar su opinión sobre la interrupción voluntaria del embarazo, hacerse eco de la postura clerical frente al derecho a la vida, y lo aberrante que le parecía una ley de plazos relativo a los criterios constitucionales sobre el aborto. Sus palabras tenían de todo menos de flexibilidad y respeto a las verdaderas libertades de la mujer.

En este punto, el recuento del recorrido de la llamada Ley Gallardón lanza un titular casi a concluir el mes de Junio: El Gobierno planea llevar la Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada al Consejo de Ministros. Un mes más tarde, Gallardón asegura a la prensa, muy convencido, que "su proyecto de reforma legal" será aprobado antes de terminar el verano. Desde Moncloa debieron torcer la boca al ver tal declaración a la prensa, pues ya entonces el apoyo del ejecutivo al ministerio de justicia había menguado muchísimo.

El desenlace de esta historia está cargado de ironía. Entre el 8 de septiembre y el 16, la Diada más reivindicativa de los últimos años y la más exitosa a decir de los medios de comunicación, atrae para sí la atención de todos los reflectores políticos y mediáticos, dando a Rajoy un argumento incontestable para aparcar indefinidamente el anteproyecto de reforma a la ley del Aborto. Puede decirse, con poco margen de error, que en la sede del gobierno fue indispensable hacer un nuevo planteamiento sobre las estrategias a considerar para no seguir cayendo en las listas de popularidad y las intenciones de voto que favorecen cada vez más al partido de Pablo Iglesias. Así pues, de acuerdo a las últimas declaraciones del Ministro de Justicia aclarando que está centrado en combatir "el desafío soberanista en Cataluña y que del "otro asunto" no había novedades, parece que Ruiz Gallardón puede dar por abortado el proyecto que coronaría su gestión ministerial.

Mentiría si digo que lamento que el representante del ministerio de Justicia se encuentre pasando por tan bochornoso trance. El fracaso de su gestión sobre este particular y haber defraudado a los obispos españoles, significa para las mujeres en España un alivio, una extraña clase de victoria sobre el dominio descarado de la Iglesia en los asuntos más sensibles y ponderables de la sociedad. Hoy podemos darnos todas y todos, un abrazo y felicitarnos por el triunfo del sentido común sobre el pensamiento rancio y retrógrado que pretendía llevar a los españoles a los oscuros años del medievo.

Pero a pesar de las enhorabuenas, una pregunta queda en el aire: cuando el Partido Popular de por conjurada la batalla contra el secesionismo catalán, y si no se ha convocado a elecciones anticipadas, ¿Ruiz Gallardón insistirá en retomar el proceso de aprobación de su reforma estelar o desde Moncloa le han hecho un significativo gesto de claudicar sobre el respecto?