A los fumadores empedernidos no se lo ponen fácil. Si bien es cierto que la decisión de dejar de fumar es fundamentalmente un proceso mental, que parte del verdadero convencimiento personal y la determinación firme que genera la suficiente fuerza de voluntad, cualquier ayuda que pueda reforzarla es muy bienvenida para no fracasar en el intento. En esta línea salió al mercado el cigarrillo electrónico, cuya popularidad no ha dejado de crecer desde su aparición.

Pues bien, ahora la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha emitido un informe recomendando que se prohíba su uso en espacios cerrados donde no esté permitido fumar, ante la falta de investigaciones rigurosas que demuestren que realmente el vapor de agua exhalado no produce efectos nocivos en los fumadores pasivos o en niños, y por supuesto, que no se permita su venta a menores de edad. Dicho informe será evaluado por los Estados miembros en la próxima reunión del Convenio Marco de la OMS para el Control de Tabaco (CMCT OMS), que se celebrará en Moscú entre el 13 y el 18 de octubre.

EL Convenio Marco entró en vigor en el año 2005, suscrito por 168 Estados, entre ellos la Unión Europea, y tiene como objetivo desarrollar una estrategia común para luchar contra el tabaquismo.

El documento hace hincapié en la poca información que se tiene sobre los cigarrillos electrónicos o SEAN (sistemas electrónicos de administración de nicotina), que no han sido sometidos a estudios científicos concluyentes, y los pocos que se han realizado difieren ampliamente en sus resultados. Por ello aconseja igualmente la retirada de la mayoría de máquinas expendedoras, ya que además se ha detectado que su uso entre los adolescentes está aumentando.

El cigarrillo electrónico con nicotina fue inventando por el farmaceútico chino Hon Lik, que lo patentó en el año 2003 y comenzó a comercializarlo en mayo del 2004.

Su éxito fue inmediato, y la patente fue adquirida en 2013 por Imperial Tobacco, por 75 millones de dólares. Hoy día se vende prácticamente en todo el mundo.

Entre los estudios llevados a cabo, destaca el de la American Heart Association, del pasado agosto, que analizó todos los publicados hasta el pasado año, 82 en total, tras descartar un número similar que no consideraron relevantes, y cuya conclusión fue que "el aerosol de los cigarrillos no es meramente vapor de agua, como se afirma en el marketing de estos productos." Aseguran que los niveles de toxicidad humana no se conocen y la posibilidad de riesgos para la salud, tanto en fumadores de este producto como en fumadores pasivos debe ser considerada seriamente.

Además, su eficacia para dejar de fumar se equipara a la obtenida con el uso de parches de nicotina, en ambos casos muy bajas si no van acompañadas de terapias adicionales.

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