Amana Qatar Contracting, la empresa de Qatar encargada de construir 8 impresionantes estadios para la Copa del Mundo 2022 está en el punto de mira internacional por el elevado índice de muertos entre sus trabajadores. 


Tanto la organización internacional Human Rights Watch (HRW) como la Confederación Sindical Internacional han señalado en diversos informes que esta empresa ha contratado a inmigrantes de países vecinos (Nepal, India, Sri Lanka, Filipinas…) que trabajan por 6€ al día, 30 días al mes, a temperaturas por encima de los 50º, con hasta 64 horas extras al mes no remuneradas. Según sus fuentes, estos obreros viven hacinados, trabajan sin ningún tipo de medida de seguridad laboral y, en su mayoría, han llegado al país engañados.

"El sistema laboral de este país roza la esclavitud" afirma el investigador de Human Rights Watch, Nicholas McGreehan, quien añade a lo anterior que los trabajadores tienen que pagar tasas de reclutamiento en sus países de origen para poder trabajar (llegan a Qatar a través de agencias de empleo) y rara vez les muestran las condiciones del contrato.

Además, sus pasaportes quedan asociados a su patrón, así que no pueden cambiar de empleo, salir del país o denunciar a las compañías en caso de disputa.

Hay quien llega a Qatar pensando que va a ser empleado de seguridad y acaba limpiando cristales en un rascacielos por un tercio del sueldo ofrecido, como fue el caso del nepalí Narabaj Tamang, uno de los 1200 fallecidos en las obras del Mundial de Fútbol 2022. Narabaj apareció muerto una mañana en su cama. Según fuentes oficiales murió de un fallo respiratorio, pero ni sus familiares ni sus compañeros de trabajo saben con exactitud qué es lo que le ocurrió.

La Confederación Sindical Internacional afirma que es difícil saber exactamente cómo están muriendo tantas personas, es algo imperdonable y preocupante y exigen una investigación exhaustiva de Qatar, un emirato que cuenta con la mayor renta per capita del planeta, pero en el que el 80% de la población es inmigrante.

No es nada nuevo que trabajadores de países menos desarrollados se vean obligados a cobrar míseros sueldos por trabajar en condiciones infrahumanas, pero el escándalo es mayor aún cuando hay un organismo como la FIFA de por medio.

El comité organizador del Mundial asegura que el presupuesto adjudicado para las obras del campeonato no se corresponden en absoluto con estos salarios y llegó a anunciar el pasado mes de junio que se está planteando cambiar de sede, no sólo por estos graves datos de mortalidad y condiciones laborales, sino también por las sospechas de que la elección de Qatar como sede del Mundial estuvo rodeada de corrupción y compra de votos.

La polémica está más que servida.

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