Del 25 de Julio a éste día, nada ha suscitado más morbo ni ha generado declaraciones más disparatadas y de un cinismo increíble como el "Pujolgate". Este caso es uno de esos que da sentido a la expresión popular que condena hacer leña del árbol caído, aunque en esta cuestión, no es la persona del ex president la que medios y políticos están convirtiendo en astillas, sino la ciudadanía catalana a favor de la separación del Estado Español.

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Jordi Pujol ha estafado al pueblo catalán y al español, que no lo hizo solo, que fue indispensable e innegable la complicidad y participación del gobierno español. Hubo una simbiosis política: Felipe González y Aznar se sirvieron de la fuerza y poder político, social y económico de Jordi Pujol, éste a su vez se sirvió de la posición que estos ex presidentes tuvieron. Entre los tres, con la cooperación de otros grupos políticos y económicos, han insultado a los catalanes y a los españoles, aunque en el último mes, el daño ha sido mayor para los primeros.

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El ex presidente catalán puede estar agobiado y posiblemente no sea para él plato de buen gusto ver su imagen y la de su familia, así como su ahora desgastada posición política, cayendo cada día un poco más. No siento ni pizca de compasión por ese hombre ni por su familia, robó y engañó al pueblo al que proclama defender, a su raíz y su patria, pisoteados todos durante 34 años. Hay muchas suspicacias con respecto al momento en el que se hizo la confesión, los motivos, las declaraciones desde el gobierno y los partidos políticos.

Está claro que la impunidad de Pujol estuvo garantizada por la cúpula política (conformada por políticos, empresarios y clero). En tanto el ex president usara su partido y su influencia para contener a la sociedad catalana en su anhelo independentista. Tarea poco complicada, evidentemente, para el "Molt honorable", ya que tenía bajo su ala el cascarón y la yema del nacionalismo catalán. Si bien los entonces minoritarios soberanistas expresaban su anhelo secesionista en ocasiones puntuales, hay que reconocer que los gobiernos de González y Aznar podían sentirse satisfechos con la actuación de Pujol y no sólo por su eficiencia para controlar el ímpetu de los catalanes independentistas y su clamor reivindicativo, sino por los beneficios que hoy se sabe recibieron por la gestión del entonces president de la Generalitat.

Durante muchos años, Pujol, aun dirigiendo un partido político nacionalista, mostró ante España, una ideología más proclive a la unidad de España que a un proceso independentista. Por aquellos años, Pujol ya llevaba años desfalcando al estado Catalán y no con minucias, y lo hacía mientras decía "España ens roba". Muy agudo e irónico el "Molt honorable Senyor".

Pero como decía en un inicio, la cúpula política no sólo tenía conocimiento de las movidas del clan Pujol, estaban al tanto de la forma en que hacían de Cataluña, su reino y su casa, al menos dos presidentes españoles se vieron favorecidos con la corrupción de Jordi Pujol.

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Fue en la entrevista de Jordi Évole que Jordi Pujol reconoce abiertamente y sin tapujos su adhesión al movimiento ciudadano en la búsqueda de un nuevo estado europeo. Es comprensible que en esa entrevista no hablara de los motivos que le llevaron a mudar de idea con respecto a la independencia, pero podemos suponer que al igual que otros políticos de CiU y ERC, principalmente, esas razones no fuesen precisamente nobles.

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No es descabellado pensar, como primera hipótesis, que el ex president de Cataluña pretendía utilizar todo su poder e influencia para impulsar la separación de la comunidad catalana reclamando que, desde la fundación de Convergència Democràtica de Catalunya tal fue el propósito central de su creación, pues siempre fue su intención "recuperar para su pueblo la soberanía y total independencia de España". Pero como ya ha quedado manifiesto, sus motivaciones descansaban en un objetivo más mezquino y nada catalanista. La creación del "nou estat català", más que un proyecto patrio, es la garantía de impunidad para el clan Pujol, CDC, ERC, ICV CUP.

La magnitud del anhelo nacionalista catalán exigía que sus líderes estuviesen limpios de toda sospecha y no tuvieran un enorme saco de suciedad hediendo en el altillo de sus despachos. Evidentemente, no se cumplía esta condición y la corruptibilidad de los próceres del independentismo catalán pusieron en manos de sus "enemigos" políticos, una baza imposible de rechazar. Rajoy tenía pleno conocimiento del fraude de Pujol a Hacienda hace tiempo, guardó el as bajo la manga y la abre en un momento crítico del movimiento catalanista, con los pendones, banderines y toda la algarabía de la fiesta secesionista colocados y dispuestos para declararse vencedores en una lid de desafío que Jordi Pujol se cargó aún antes que el Estado Español diera el golpe sobre la mesa con un rotundo y definitivo NO, antes de la reunión concertada entre Artur Mas y el presidente del gobierno español.

La celebración del tercer centenario de la diada éste 11 de septiembre, se visualiza, desde la opinión pública en España como un grotesco y malherido bodrio popular que va, como pollo sin cabeza, hacia su propia muerte gracias al escándalo generado por quien ellos mismos han ungido como propietario, líder y padre del desafío catalán. Asombra, eso sí a todos, españoles y catalanes por igual, la obcecación de ERC, ICV y CUP, representantes de la exaltación independentista ante las eminentes consecuencias políticas, judiciales y sociales del comunicado de Pujol. Propone entonces la clase política española que la sociedad habría de exigir al govern català elecciones anticipadas y el aplazamiento indefinido de la consulta que el Estado español considera a todas luces ilegal.

Por otra parte, desde este lado del Ebro, hay quienes consideran que este escándalo está muy lejos de ser la lápida que sepulte el movimiento del independentismo catalán. La estocada ha sido terrible, ha dejado a la población independentista en un estado de total aturdimiento, aunque poco a poco, y aun sangrando por las heridas causadas por "la familia" Pujol-Ferrusola, el proceso continua.

Artur Mas, atendiendo a sus propios intereses y puesto contra las cuerdas al mismo tiempo, declara que "el referéndum se celebrará". Así mismo, el actual President de la Generalitat reconoció que acordó con su "padre político" que le serían retirados privilegios inherentes al cargo de ex president. Pujol perderá, pues, entre otros privilegios de expresidente, su pensión vitalicia de 82.000 euros al año y el despacho del paseo de Gràcia de Barcelona, cuyo alquiler cuesta entre 145.000 y 175.000 euros. En este mismo tenor de decisiones difíciles para Mas, se le cuestionó sobre si el tratamiento de "Molt honorable" seguiría siendo ostentado por Jordi Pujol. El tratamiento protocolario de "muy honorable" que reciben todos los presidentes de la Generalitat, incluso después de dejar el cargo. La ley no prevé que a nadie se le pueda retirar este tratamiento y el presidente de la Generalitat, Artur Mas, se ha amparado inicialmente en este punto para advertir que en este sentido no habría ninguna novedad, pero la rectificación llegó poco después por boca del Conseller de La Presidencia Francesc Homs.

Inquirido por este tema, el president Mas aseguró que el trato protocolario es inherente al puesto, no a quien lo ostenta, y que Pujol no puede "renunciar" al hecho de haber sido President de la Generalitat veintitrés años, pero Francesc Homs, ha dado una versión distinta. Al ser interpelado de nuevo sobre el tratamiento que recibirá ahora Jordi Pujol y si éste había renunciado voluntariamente a ser tratado como "muy honorable", Homs aseguró que: "ha renunciado a todo, y cuando digo todo es todo".

A la cuestión planteada por la prensa sobre el proceso soberanista, Mas se mantiene en sus trece y aseveró que "el país pasa por delante de cualquier persona. Todos somos más que uno, por importante que sea, y esto vale para todos, vale para Pujol y vale para todos".

El mensaje va dirigido claramente al electorado catalán, y con más precisión al electorado pro consulta que, independientemente de la respuesta que darán a las preguntas del referéndum, exigen su derecho a expresar su opinión sobre la vialidad de un "nou estat europeo", la creación de una República Catalana. Por más que las motivaciones del "president" sean distintas a las de la población a favor de la consulta, lo cierto es que Artur Mas se encuentra en un punto en que un paso atrás en la postura sobre el 9N, le atraería más problemas que si intentara retrasar la consulta de forma "sine die".

Respecto de Pujol y el proceso soberanista, el líder catalán quiere desvincular - es lo menos que puede hacer - la declaración de Pujol del proceso soberanista para no debilitarlo. La confesión, recalcó Artur Mas, "no condicionará lo que pueda pasar en los próximos meses. La hoja de ruta está trazada y consensuada con mucha gente", subrayó. "Aquí no se para nada, es un momento duro, difícil, algunos tenemos sentimientos personales de dolor, pero el país va adelante, en todos los sentidos", zanjó. Para reforzar esta idea, intentó desvincular a Pujol del día a día de CiU, asegurando que "hace ya diez años que no toma ninguna decisión importante ni en Convergència i Unió ni en la Generalitat".

Pero haciendo a un lado las decisiones que sus iguales tomarán respecto del ex president, es más importante conocer cuál será la reacción de la población. ¿Cómo tratarán los catalanes a quien les mintió, les defraudó traicionó el autor de la máxima de las reivindicaciones y acicates del secesionismo catalán "España nos roba"?

Más que oportuno, se presenta como impostergable que los catalanes expresen su repudio y total rompimiento del ex "molt honorable" con la representatividad del movimiento soberanista. Jordi Pujol i Soley está moralmente obligado con los catalanes, independentistas o no, a devolver la tutoría de un proceso que nació y descansa en la voluntad y perseverancia de una creciente población en Catalunya que defiende pacíficamente su derecho a decidir. Esto quiere decir que en medio de su estupor, los catalanes independentistas han de exigir sin excusas ni dilaciones, que Jordi Pujol termine de una vez con el discurso lastimero donde dice que los ataques hacia él son ataques hacia el derecho de autodeterminación del pueblo catalán. A las reivindicaciones que hemos de portar en la celebración de los 300 años de la Diada, tal vez sea pertinente dejarle claro al expresidente:

No, Señor Pujol, usted no es ni ha sido nunca Cataluña.

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