El gasto social en España experimenta un continuo descenso en comparación con la mayoría de los vecinos de la Unión Europea. Desde el inicio de la crisis económica en nuestro país, servicios como la Sanidad o la Educación han visto mermadas sus partidas hasta caer por debajo de la media europea en 2010, con un 41% del PIB frente al 46% de los países de la Unión. La irrupción de políticas neoliberales en 2011 agravó la precariedad de la clase social más baja y tambaleó los cimientos de la clase media mediante el límite de endeudamiento de las CCAA pactado por PP y PSOE y la reforma laboral.

Las personas dependientes y sus familiares han sido algunas de las víctimas de esta forma de hacer política, que ha representado una involución en la aplicación de la discriminación positiva de género al devolver a la mujer al rol tradicional de cuidadora de la familia, contrario a la paridad.

Al ver disminuidos los ingresos públicos, los cuidados sociales que liberaban a las mujeres de un problema de índole familiar desaparecían, con lo cual se ve afectada la incorporación de la mujer al ámbito laboral y su independencia económica.

El constante y paulatino desmantelamiento del Estado del Bienestar tiene como víctimas silenciosas a mujeres, niños y discapacitados. La ley de paridad, para equiparar funciones en cargos públicos, prima la visibilidad de un sector de la sociedad que durante la Dictadura franquista y su hija la Transición se ha visto relegado a las tareas domésticas y cuidado de la prole, con la bendición de la Iglesia; la equiparación de puestos en consejos de administración de empresas y en listas electorales obtuvo la abstención del PP puesto que le impedía la libertad de elección de cargos; pero trasladando esta ley al futuro su pretensión era construir una sociedad moderna al estilo de los países escandinavos y del norte de Europa en los que la mujer no es relegada a las labores domésticas, sino tratada con criterios de efectividad porque desde la más tierna infancia se acostumbran a observar a hombres y mujeres en el desempeño de las mismas actividades; la paridad es, pues, un proyecto de transformación de la sociedad en el que el sector poblacional con más dificultades de inserción en el mundo laboral y, por ende, en la toma de decisiones, tiene oportunidad de demostrar su valía cuando se encuentra con obstáculos culturales como la tradición o la endogamia familiar.

Esa discriminación positiva que surge de la paridad tiene como ramificaciones la lucha contra el acoso sexual en el trabajo y la ley de la custodia compartida, para que, definitivamente, los hijos dejen de ser patrimonio exclusivo de las madres-cuidadoras y el hombre se involucre en la atención a los hijos como una de sus tareas prioritarias; el objetivo, al igual que cualquier otra discriminación positiva, no es el bienestar de los adultos, sino que niños y niñas, lo más importante de la sociedad, sean educados en igualdad porque son los auténticos destinatarios de una normativa moderna en un país que, desafortunadamente, no está a la altura de otros como Dinamarca o Suecia, como se deduce de la disminución en partidas a la Dependencia o Educación.

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