El protocolo de actuación contra el virus del ébola ha evidenciado la capacidad de gestión del ministerio que dirige Ana Mato: nula. Una de las ministras más polémicas del gabinete de Mariano Rajoy se ha caracterizado por aparecer lo menos posible durante la de por sí breve estancia del misionero Miguel Pajares en la sexta planta del madrileño Carlos III. Su ingreso en un hospital de nuestro país desde que fue repatriado en agosto, del 7 al 11, ha supuesto para Ana Mato el mismo número de comparecencias ante los medios de comunicación que si hubiera ocupado la planta entera de un hotel.

Suponer, según sus palabras, que lo importante no es la ministra sino la gestión del ministerio frente al ébola, es infravalorar su propio papel como responsable al frente de una situación de riesgo que la Organización Mundial de la Salud ha calificado de alerta máxima mundial.

Pero Ana Mato viene a decir ante los medios que ella solo figura y que la gestión la llevan profesionales, así que, para equivocarse lo menos posible, ha hablado lo menos posible.

Es cuestionable que Ana Mato se haya enterado de mucho de lo que ha pasado porque ha tenido que ir y venir de vacaciones gaditanas; si no, no se entiende que sea un consejero de Sanidad autonómico quien proporcione respuestas a las preguntas acerca del ébola de los periodistas; Javier Fernández-Lasquetty, que ni siquiera ha actuado como representante ministerial, daba su aportación particular al cumplimiento de los estándares de la OMS aduciendo la conveniente desinfección de la planta y la revisión del personal al cuidado de Miguel Pajares.

La Asociación de Enfermería de Madrid ha desmentido al consejero porque ellos mismos se ponen el termómetro un par de veces al día y alguno hasta ha cogido las vacaciones; teniendo en cuenta que a Juliana Bohi, compañera del finado y recluida como él, le han hecho el test del ébola tres veces por prevención, no es comprensible que no sometan a control clínico al personal en contacto con el infectado.

Pero sobre todo esto, Ana Mato no se pronuncia.

Estrechamente relacionada con la trama Gürtel en la época en la que estuvo casada con el exalcalde de Pozuelo Jesús Sepúlveda, tampoco habló mucho del Jaguar aparcado en el garaje de su casa o de los viajes o fiestas pagados con dinero público. A esta gente lo mismo le da organizar un "sarao" que repatriar a un sacerdote; nada sale de su bolsillo y entre el electorado de la Derecha queda bien apelando a la caridad cristiana.

Y tan íntimamente ligada está la ignorancia a la Iglesia católica que la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios solo reclamó la repatriación de los españoles, que ya sabía con quién tenía las de ganar; al resto los abandonó a su suerte mientras los españoles volaban gratis porque ni las aseguradoras ni la humilde Orden millonaria, pobre niña rica, con 12 millones de euros metidos en Finanzas Quercus, han sido capaces de responder a la desesperación de los compañeros infectados en África occidental; "era de sentido común no cobrarles a los religiosos", dijo Mariano, que no Ana Mato.

De todo esto, si estuviéramos en EEUU, se haría una película, de hecho se han hecho varias, pero no con los tintes de comedia que le daríamos en España.

Porque, ¿alguien duda de la eficacia de la gestión ministerial? Ana Mato no, seguro.

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