No es difícil encontrar en estos tiempos casos y relatos, sobretodo en el ámbito político, en el que se retiran los títulos de honorabilidad, a personajes de relevante trascendencia histórica. Esta, la mano que escribe no quemará ningún barco en favor de los errores cometidos, premeditada o no premeditadamente por los protagonistas de la vida pública; Y sin embargo si quemaré algún que otro barco, en favor de una memoria ecuánime a cerca de los procesos por los que los diferentes actores públicos llegan al denominado poder.

Los políticos, llegan siempre en respuesta a situaciones dolorosas largamente sostenidas en el tiempo, como factor de cambio. Todos ellos, han sido elegidos por transmitir valores afines a las mayorías hambrientas de cambio. Jordi Pujol, fue y ha sido honorable catalizador, primero en la transición democrática en España, y después en la defensa de los intereses económicos de Cataluña. La honorabilidad al igual que los méritos asociados no pueden ser desacreditados ni deshonrados. Una persona por el sólo hecho de conceder bienestar a otra persona merece el título de honorable, permítanse alejarse de aquellos que hacen leña del tronco caído. Pasó recientemente con el Rey Juan Carlos.

Los hechos a falta de un juicio que espero sea imparcial, son simples. El presidente sostuvo durante mucho tiempo que la balanza fiscal de Cataluña con respecto a España ha sido históricamente descompensada. Ha defendido la pluralidad y riqueza de la diversidad cultural y su aportación constructiva en un entorno de comprensión entre culturas.

En este momento, me parecen inapropiados los improperios publicados por oportunos y convenientes en aras de la notoriedad en los medios.

Cabe recordad, que la justicia debe atender las presunciones de culpabilidad, partiendo del principio de inocencia, Desarrollar su labor con negligencia y rigor, pero con ausencia total de protagonismo.

La responsabilidad de los medios debería, bajo mi punto de vista atender al principio de prudencia. Las épocas del linchamiento pasaron de moda en el medioevo y sin embargo, no está todo perdido. He podido leer no hace mucho a cerca de buenos periodistas que proceden con la precisión del cirujano en estos casos, sin anticiparse a los acontecimientos y manteniendo los principios sobre los que se sustenta el periodismo de calidad: Verdad e imparcialidad. Ofreciendo de este modo datos asertivos y precisos a cerca del relato de los flujos de capitales. Donde, como y quienes han participado en tal trama, anunciando, nunca antes del veredicto, el resultado y sus consecuencias.

... Y es que en este país existen cuatro y no tres poderes fácticos: Poder Judicial, poder administrativo, poder político y poder informativo. Los cuatro son dependientes. Se antoja como algo coherente que al ser dependientes, deben atender con escrupulosidad los fines por los que han sido instaurados para el buen funcionamiento del conjunto de la sociedad.

Que la noticia sea el rigor profesional y no el ruido por el ruido, es siempre un buen síntoma de salud estamental.

No obstante, insisto, la honorabilidad de una persona u otra no debería ser un término negativo no a firmante. Sería faltar a la verdad a cerca de muchos hombres y mujeres que por tener manchas en su expediente, no han dejado de pertrechar otras muchas acciones que si han sido honorables. Quizás los acontecimiento pueden sostener la imprenta de la honorabilidad de un acto u otro, pero me consta que la honorabilidad de una persona pública no debería ser elemento de quita y pon. Sin dejar de sostener que cuando alguien no ejerce ya su función de forma honorable, no debe ser reelegida, y eso como siempre está a disposición del pueblo, joya de la democracia, que diferencia estados totalitarios de los estados libres democráticos.

No todos los políticos son ladrones, ni todas sus acciones. La transparencia es herramienta fundamental a través de la cual el pueblo puede ejercer sin restricciones su poder de boto. y en ese proceso, tienen tanto que decir, los partidos y sus cuenta, como las investigaciones judiciales con sus veredictos así como la función de los medios en poder transcribir de forma ecuánime y puntual los datos que demandan las personas comunes.

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