En nuestros disparatados tiempos muchas cosas son difíciles de creer, tan difíciles que claman al cielo, pese a todo, siempre, a poco que se indague, será harto sencillo encontrar algo que supere a lo anterior, que lo eleve al cubo del absurdo y, para coronarse, termine por llevarse la palma y, si se quiere, incluso la corona de laurel, el óscar, el león de oro o cualquier condecoración que marque el súmmum, en este caso, el del más absoluto y completo despropósito.

Y es que, por difícil de creer que pueda parecer, por chocante que pueda sonar e incluso, por bochornoso que parezca, la siguiente afirmación es una realidad tan tangible como la catedral de Burgos: "Las personas aborrecen estar apenas 10 minutos sin nada más que el abrigo de su mente, hasta el punto de preferir una descarga eléctrica" ¿Qué acontece después de tal descarga?

Los personajes en cuestión se van a su casa. Increíble pero cierto.

Al menos estos han sido los resultados obtenidos por el bueno de Timothy Wilson, uno de los muchos psicólogo salidos de la camada de la Universidad de Virginia, quien asegura que los sujetos no fueron sometidos a 1 solo experimento sino a 11, en pocas palabras, que la aseveración antes hecha es ya, sin género alguno de duda, una certeza en toda regla.

Para más inri, los porcentajes exactos son de un 67-25 % con una abrumadora mayoría del varón sobre l hembra, donde se incluyeron sujetos que abarcaron de los 18 hasta los 77 años, sin discriminación por extracción social ni nivel académico ni cultural.

"Ese horror al vacío es consecuencia de nuestra sed natural de actividad" concluye el informe del doctor. Toda una paradoja queda en el aire ¿No es, acaso, pensar, otra actividad? Sea como fuere los que llamaron Caja Tonta al televisor lo hicieron con acierto porque, ¿quien sino un tonto podría pasarse horas y horas y horas delante de la caja tonta? Bueno, en realidad basta con no tocar un libro

Citas de pensadores famosos

"Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender"

Ortega y Gasset

"No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada.

Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter"

Ortega y Gasset

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