Las bicicletas ya no son solo para el verano, son un medio de transporte barato, sano y eficiente que, sin embargo, está enfrentando cada vez más a peatones y ciclistas.

Desde hace años nos han intentado meter con calzador la imagen de una ciudad idílica, menos contaminada, con un "verano azul" constante, donde los ciclistas circulan silbando una dulce melodía mientras son saludados por amables peatones.

Zaragoza es mi ciudad y aquí, tras cada lluvia, en lugar de caracoles, emergen nuevos carriles bici, carriles junto a zonas de aparcamiento, que atraviesan marquesinas de autobuses, zonas peatonales.

Calles y avenidas donde cruzar una calle como peatón implica ver si viene bici, si viene coche, si viene tranvía... ¡por Dios, si parece que estamos atravesando un tiovivo!

El ayuntamiento ha facilitado que el ciclista campe a sus anchas por donde quiera y esto hace que un medio de transporte sea un deporte de riesgo para el ciclista, para el peatón sin comerlo ni beberlo y para los automóviles; y todo porque unos pocos cretinos que campan a sus anchas, porque nadie se lo impide todo sea dicho, hacen campeonatos de mountain bike cada vez que suben su culo al sillín de la bici, cretinos que no tienen que ver con la edad, solo hay que observar un rato y ver que para ser tonto no hay edad, solo actitud...

y muchos están rozando el nobel de la estupidez.

Un ciclista de este tipo interpreta un aviso como una provocación y si, por un casual, te atreves a decirle que vaya despacio, que es un carril compartido... empieza a escupir improperios por su boca que solamente él y, seguramente su madre si la conoce, pueden llegar a entender.

Zaragoza no es Amsterdam señor alcalde, necesitamos adaptarnos poco a poco, tener un código ciclista sencillo y con restricciones para los que creen que sus normas son las únicas.

Como peatón, ciclista y automovilista - soy las tres cosas que le voy a hacer - me cuesta mucho encontrar el equilibrio y, la verdad, lo intento con todas mis fuerzas y toda mi materia gris, pero no veo el respeto de unos a otros necesarios para una convivencia cotidiana, algo falla, y aunque me llamen....

no sé, nada bueno... los ciclistas que hacen de su capa un sayo, que son minoría, están haciendo un daño incalculable a los ciclistas de toda la vida, a los que saben compartir una acera o una calzada, a los que paran en los semáforos cuando están rojos, a los que ceden el paso en un ceda el paso - esto parece de pero grullo pero es difícil de ver - a los que circulan como debe ser.

Todos cometemos errores, peatones que cruzamos por cualquier sitio, automovilistas que apuramos el ámbar porque esos treinta segundos nos parecen vitales y ciclistas a los que no nos afectan las señales, pero estamos condenados a entendernos y creo que es fácil, solo hay que ponerse en lugar de los demás.

Soñar es de lo poco que queda gratis y yo soy un soñador.

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