En el libro titulado “Requiem habanero por Fidel”, encontramos el siguiente epígrafe: «No hay delirio de persecución allí donde la persecución es un delirio.»

Guillermo Cabrera Infante (En carta a Jorge Edwards, con motivo de la publicación de Persona non grata); que permite en este artículo poner en contexto la siguiente reflexión en la que me gustaría hacerlos partícipe.

Como sabemos, en el contexto de la política internacional, y de manera particular en lo que se relaciona con el tema que aún en estos días resulta un tanto complejo como distante, es la relación entre los Estados Unidos y Cuba.

Ese acercamiento distante, como lo veo, es producto de una carga de elementos escatológicos. Es decir, en el imaginario colectivo “sabemos” que la relación entre ambos países en todas sus manifestaciones debe de estar en otra tesitura, los tiempos coyunturales así lo dictan.

Sin embargo, el acercamiento es sutil, no porque se teman o respeten, o por una excesiva prudencia, ni mucho menos porque se sienten desconocidos, ni qué decir que desconozcan sus propios propósitos.

Simplemente no intuyen como acercarse. Más que la posibilidad de un diálogo está latente una dialéctica política. La antítesis del momento histórico no logra concretarse, falta algo de claridad.

Es evidente que existen dos miradas, dos culturas; y están un poco renuentes a mirar “más allá” de la realidad. No se logra entender que es necesario un nuevo discurso que supere la metafísica política permeada por la guerra fría.

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Existe sólo el discurso unilateral, lo leemos por ejemplo, en el artículo de Fidel Castro titulado “El hermano Obama” que se resiste a soltar viejos paradigmas. No significa ello que los mismos están obsoletos, de hecho, además de recomendar lean el artículo al que me refiero, debemos tener presentes que el autor del mismo, es una fuente de información y reflexión inagotable aún a su edad.

Es un ser humano, un personaje histórico y además, permítaseme escribirlo: historia viviente.

No sólo por las anécdotas, datos históricos que pueda refutar o confirmar, y/o su propia vida, sino por su capacidad y gusto por la conversación que permite ser una fuente oral para retomar bosquejos históricos.

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