Aunque las más altas autoridades religiosas del Vaticano hayan condenado y persigan la divulgación de secretos que destapan casos de corrupción, sí es cierto que el papa Francisco parece determinado a terminar con las irregularidades.

El banco vaticano, conocido como el Instituto para las Obras de Religión, es una de las instituciones más cuestionadas a raíz del caso Vatileaks 2. Ha sido investigado por blanqueo de dinero y hay informes que señalan que ha tenido relaciones con bancos en Suiza durante, al menos, once años, entre 2000 y 2011.

Para zanjar el asunto, el papa Francisco ha nombrado a un nuevo director general. Ha elegido aGian Franco Mammì, de 59 años y con más de 20 años de experiencia en el banco vaticano, donde comenzó a trabajar como cajero.

Su nombramiento es uno de los gestos que Francisco ha tenido para intentar poner orden en las finanzas vaticanas. También ha dadomás poder a la Autoridad de Inteligencia Financiera, que investiga que todo funcione con regularidad, y hacreadoun nuevo ministerio para supervisar las actividades económicas de los distintos departamentos, que anteriormente no estaban sometidos a casi ningún control y ellos mismos aprobaban sus presupuestos.

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