Tras días de sobresaltos, el papa Francisco ha visitadoPrato, una pequeña localidad de la Toscana en la que hay una gran número de inmigrantes. Lo ha hecho para acercarse a ellos en una de las muchas visitas que hace para estar cerca de la gente y le ha servido pararecordar cómo es la Iglesia que desea.

En un extenso discurso, afirmó: "No tenemos que estar obsesionados con el poder" y advirtió no querer "una Iglesia preocupada por ser el centro que termina encerrada en un manojo de obsesiones y procedimientos".Y pidió a los religiosos seguir el camino de Jesús, caracterizado por "la humildad, el desinterés y la bienaventuranza".

"Me gusta una Iglesia italiana inquieta, cada vez más cercana a los abandonados, a los olvidados, a los imperfectos", dijo el papa, que en diferentes ocasiones ha hecho patente su interés por los más desfavorecidos.

También quiere que la iglesia sea "librey abierta a los desafíos del presente" para así ser una referencia en la vida diaria de los católicos.

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El Sínodo de la Familia

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