Ser alemán, apellidarse Merkel y pretender viajar estas vacaciones por Europa no debe ser fácil. Fruto del estandarte políticoeuropeo que en los últimos 10 años ha ondeado la canciller alemana, especialmente tras elestallido de la crisis económica y su contagio por Europa, se han obtenido los girospolíticos más extremos, en forma de bandazos de un lado a otro, símbolo de ladesesperación ciudadana por la búsqueda de una solución inmediata al desempleo,el embargo y la precariedad.

Y de esos lagos vienen estoslodos, en a penas ocho años se ha abierto un abanico deposibilidades políticas tan amplias que ha llevado a los países a lidiar conParlamentos compuestos tanto por una contundente derecha conservadora –llegandoincluso a vincularse con ideologías nazis como en el caso de Grecia en laselecciones de 2012 con Aurora Dorada- convertida en notaria delas demandas europeístas como por una izquierda liberal, tildada a menudo deradical, abierta a la confrontación directa con la troika que,siguiendo con el ejemplo heleno, tiene su representante en el partido Syriza.

La posibilidad de salida deGrecia del mapa europeo es todo un hito histórico aunque finalmente se hayaquedado como un mero planteamiento. La hipotética línea roja que se ha trazadoen los últimos días en el Mediterráneo ha servido para poner en preaviso alresto de países y, de paso, a los temidos mercados. Hecho por el cual España durante la tensa reunión delEurogrupo en Bruselas el pasado 27 de junio, decidió apoyar la decisión deexcluir a Yanis Varufakis -convertido en ex ministro de finanzas del Gobierno de Alexis Tsipras tan sólo 18 días después de dicha reunión- de las conversacioneseuropeas y trazar un ‘Plan B’ que dejara fuera a Grecia si ésta continuaba consus políticas de impago de la deuda.

Parece que de momento Goliathtiene contra las cuerdas a David pero también es cierto que esta mitología notraía consigo otros 18 aldeanos armados detrás de él como ejército de apoyo,aunque sólo fuera por miedo a que el gigante se diera cuenta de que, quizás,alguno de ellos fuera más apetecible y, de paso, más accesible que el pequeñoDavid.

Tal vez la pregunta sea ¿quéhubiera pasado si las demandas helenas hubiesen sido bien vistas por Alemania?Si las negociaciones hubiesen dado por buena la opción de quita de deuda -que suponía en 2014 una deuda per cápita de 28.867 euros por habitante- esentonces cuando se llega a la conclusión de que el miedo a que más paísesconvirtieran esta pregunta en planteamiento lo que hizo que se borrara del papel lacuestión.

Las consecuencias de unplanteamiento alejado de la idea alemana tiene ya un precedente, Grecia. Ese parece ser el objetivo deesta nueva escenografía política europea, que cunda el ejemplo. PeroEspaña no es Grecia en muchos sentidos, ya que cumplió con los requerimientosdel Plan de Estabilidad y su deuda supone la mitad de la griega, además pensad¿qué harían los alemanes si les negamos la entrada a Mallorca?

Angela Merkel empieza hoy susvacaciones sintiendo el calor de demasiados fuegos aún por extinguir aunque, demomento, el griego lo da por controlado y en su última entrevista para lacadena pública alemana ARD da por cerrada la polémica sobre la salida temporalde Grecia de la zona euro abogando por una mirada “hacia delante” que incluyanuevas medidas económicas de apoyo para Atenas que excluyen la opción de unaquita.

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