En EEUU se está llevando a caboun consejo sobre los derechos deaquellas personas que utilizan un lenguaje ofensivo o violento en los círculos sociales, como por ejemploFacebook. Un total de nueve miembros de la corte suprema estadounidense tendránque decidir si podemos hablar libremente en la red, recortando de esta forma elderecho de libre expresión querecoge su primera enmienda. La realidad es que lo que apruebe esta potencia, como sabemos, puede extenderse rápidamente, planteando la posibilidadde que otros gobiernos adopten esta misma medida.

Existen varios casos de personasque ya han sido condenadas por colocar vídeos o comentarios en Internetque se han considerado, en un momento dado, como violentos. Los que condenanesta propuesta denuncian que la gente puede decir cosas desde detrás de unapantalla que jamás cumpliría en la vida real o pronunciaría en un “cara acara”. Los comentarios pueden ser por tanto muy fáciles de malinterpretar y fuera de su contexto pueden dar lugar a impresiones equivocadas.

¿Quién puedeasegurarnos entonces que estas expresiones se interpreten de la maneracorrecta? ¿Quién juzgará el tono de los comentarios en el caso de que esta propuestase ponga en marcha?

De todas formas en EEUU, a lavista del panorama, en el que se producen tiroteos y matanzas en colegios einstitutos, puede comprenderse que el control de las redes sociales ayude encierto modo a prevenir este tipo de actos.

Si bien quizá deberían plantearseotros asuntos que apunten a la verdadera raíz del problema, sin que se quede enuna simple prevención. Por ejemplo, encontramos el caso del estudiante JaylenFryberg, artífice de un tiroteo en un instituto del estado de Washington, elpasado mes de octubre, en el que se afirmó que en sus perfiles sociales nopudieron encontrar ningún indicio de lo que se proponía, con lo cual este tipode controles no son la panacea.

El debate que se ha llevado acabo en Estados Unidos acerca del libre derecho a expresarse no huele muybien. Lo importante no es que realmente se persigan este tipo demanifestaciones para protegernos, si fuera así no sería tan grave. El tema es¿Qué se puede considerar violento dentro de un determinado contexto? Por estaregla de tres, ¿una persona que exprese, por ejemplo, sus opiniones políticas,puede ser considerada violenta o como incitadora a la violencia?

El verdaderoproblema es que Internet está empezando a ser una espina clavada en el ojo demuchos gobiernos y multinacionales.

La información se mueve por la red a lavelocidad de la luz. Somos capaces de comunicarnos con personas que seencuentran en el otro extremo del planeta y, como consecuencia, las opinionesy las distintas visiones sobre cualquier tema pueden verse desde cualquierlugar, esto crea una conciencia, como especie, como seres humanos que somos.Fomenta la empatía y la comprensiónentre distintas culturas y eso debería ser enriquecedor.

Pero cuando unmagnate como Rockefeller (concretamente en una conferencia de prensa en 2012),considera Internet, como un peligro, debemos pararnos a pensar en sus motivos.Según Reporteros sin fronteras, EstadosUnidos se encuentra entre aquellos ocho países denominados “enemigos de Internet” por las acciones de vigilancia de la NSA. No es la primera vez que se nosamenaza con coartar nuestra libertad de expresiónbajo la bandera de la protección. “Todo es por vuestro bien” se nos dice una yotra vez, y nosotros, el rebaño, balamos con complacencia.

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