Fallar un penalti en una final de Champions League puede llegar a ser un estigma difícil de borrar; narrarlo cuando tu equipo va perdiendo, un cruz demasiado pesada. Ser rechazado de pequeño por tu endeble constitución física es una piedra importante en el camino; tener que emigrar para cumplir un sueño, un pico difícil de afrontar. Dejar atrás todos los picos, piedras, cruces y estigmas y llegar a ser uno de los mejores futbolistas de Europa puede ser una emotiva historia de superación que rellene edulcorantes páginas y minutos o puede ser una realidad, el fútbol está lleno de esas historias.

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Pero Antoine Griezmann eligió la realidad antes que otra de esas historias. Y elegir la realidad a veces tiene su recompensa.

El Atlético de Madrid se enfrentaba al Rostov el primero de noviembre. El francés adelantó a los colchoneros, pero los visitantes no tardaron en igualar el marcador. Se acercaba el final del encuentro. Último y agónico minuto, el 93’, el estigma y la cruz y la piedra en el camino. Griezmann se planta solo ante el portero.

Antoine Griezmann con el Atlético de Madrid. Foto: El Periódico.
Antoine Griezmann con el Atlético de Madrid. Foto: El Periódico.

No falla. El cielo. El cielo se desató en las gradas del Vicente Calderón, en el césped, donde los jugadores hacían una piña, y en el corazón de Diego Simeone, que es capaz de latir por todos.

Su pierna izquierda de oro alejó noventa y tres fantasmas pasados. De acuerdo que sólo fue un paso atrás, pero a enemigo que huye puente de plata. El Atlético salvaba un partido que parecía condenado al empate y se aseguraba su hueco, más bien se aferraba a él, para recibir con tranquilidad al PSV el próximo día 23 y para visitar Múnich sin temor, sólo con ganas y respeto.

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La realidad de la historia.

De estrellar una utopía contra la madera del larguero a consagrar la realidad de otra clasificación del Atlético de Madrid para las rondas eliminatorias de la máxima competición europea de clubes. Del rechazo a Primera División y al éxito y el reconocimiento internacional. Todo un futuro lleno de futuro para este futbolista, cuyo mayor logro es él mismo, pues la madurez y la responsabilidad de equipo de las que hace gala no son propias ni de su edad ni de su calidad.

La realidad puede premiar a quienes la eligen, y Griezmann eligió una realidad en rojiblanco.

 

 

 

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