Un nuevo estudio científico publicado en Biology Letters sugiere que los perros pueden realmente reconocer las emociones en los seres humanos y otros perros por medio de señales visuales y de audio. Con anterioridad sólo se había documentado en chimpancés y macacos la capacidad de identificar estados emocionales dentro de sus propias y respectivas especies.

Los perros son muy buenos para leer y responder a "un lenguaje corporal humano y la posible intención". Los perros han evolucionado hacia "la capacidad de utilizar sus compañeros humanos como sistemas de apoyo social en situaciones desconocidas". (Perros y humanos han vivido y evolucionado juntos por lo menos durante 15.000 años).

Simbióticamente, la "aparente" empatía de los perros inclinaría a sus dueño a darles una mayor atención. Por su parte, el humano recibe pruebas de un compañerismo incondicional y una validación emocional por parte de los primeros.

El nuevo estudio ha consistido en emparejar imágenes de personas y perros; el emparejamiento se refiere a un sonido "emocional" que puede coincidir o no con la expresión facial en las imágenes. El mirar más tiempo (por parte de los perros) a las imágenes con sonido en juego, se interpreta como una habilidad para poner "cosas" juntas e identificar el estado emocional.

Es clave en el estudio que los perros no tienen una previa información o familiarización con la tarea, lo que "sugiere una capacidad intrínseca para reconocer emociones".

A este respecto, no olvidemos que los seres humanos poseemos una conciencia que fuimos adquiriendo a lo largo de nuestro prolongado paso como mamíferos, así que pensar que las criaturas no humanas (perros, gatos, simios, etcétera) carecen de una conciencia animal, verdaderamente, es un sinsentido.

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Y es que, al fin y al cabo, pensamientos y emociones son resultado de la evolución. "De no ser así, no contaríamos con ellos".

Entonces, a la pregunta: ¿Los perros son capaces de desarrollar pensamientos y sentimientos?... La respuesta es sí. "De no ser así, ya no existirían".

Para Elizabeth Marshall en su obra "La vida oculta de los perros":

"Los perros nos necesitan más de lo que nosotros los necesitamos a ellos... y lo saben".