Versalles fue el lugar elegido por la monarquía francesa para ser sede de la corte durante poco más de cien años, desde finales del siglo XVII hasta finales del siglo XVIII, cuando el alzamiento de la Revolución Francesa decidió poner fin al Absolutismo en Francia. Luis XIV, en su afán por mostrar al resto de los países su poder, contrató a diversos arquitectos y artistas para plasmar en el Palacio de Versalles sus sueños. El Palacio está ordenado en torno a un edificio central y las distintas estancias alojadas en los jardines.

Alrededor del Patio de Mármol se hallaban las estancias de los reyes. Está decorado en mármol y se accede a él a través de Patio de Armas.

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La Capilla Real se sitúa en la planta baja, con dos pisos de altura (arriba para los reyes y abajo para la corte). Su decoración a base de columnas de mármol concuerda con el resto del Palacio. 

Ya en la primera planta se enlazan unas salas dedicadas a varios dioses mitológicos, destacando el Salón de Hércules, el último en construirse y decorado con una gran pintura mural de El Veronés. El Salón de Venus fue el preámbulo de las estancias reales, mientras que el Salón de Apolo era la más lujosa de estas salas, presidida por un gran lienzo de Luis XIV y lugar donde se alojaba el trono de plata del Rey.

El Salón de la Guerra está coronado por un gran medallón de estuco, decoración de Charles Le Brun, y en sus paredes se representan las tres naciones enemigas de Francia en aquella época: Inglaterra, Holanda y España.

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El Salón de los Espejos ocupa la fachada posterior del Palacio, lugar donde se celebraban las principales recepciones o bailes, con siete espejos distribuidos en toda su longitud.

El dormitorio de Luis XIV se sitúa en el mismo centro del Palacio, ya que el propio Rey otorgaba al Sol (a él mismo) el centro del cosmos y de la vida. El dormitorio de la Reina es, quizá, la habitación más importante y lujosa. La última en habitarla fue Maria Antonieta, quien la dejó tal y como ha llegado a nuestros días tras pasar por la guillotina en 1789. Por último, el comedor era el lugar de la vida pública de los reyes, los únicos que tenían derecho a sentarse en esta estancia.

Los jardines, de unas 100 hectáreas de terreno, tienen su inicio en los Parterres de Agua, dos estanques simétricos decorados con estatuas que simbolizan los ríos franceses, obra de Charles le Brun. Cerca destacan los Baños de Apolo, grupo escultórico obra de Girardon y Regnaudin.

La Fuente Latona está formada por cuatro tramos escalonados y debe su nombre a la diosa que corona el conjunto en forma de escultura.

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El Petit Trianon es un pequeño palacete donde Luis XV se aislaba en compañía de su amante, Madame Pompadour, mientras que el Grand Trianon, edificado en mármol rosa, era el refugio privado de Luis XIV.

El Gran Canal de más de kilómetro y medio que atraviesa los jardines, era el lugar para fiestas en barcos, mientras que la Fuente de Apolo, en el centro de los jardines, simbolizaba el poder del Rey. Palmeras, naranjos u olivos se alzan en el Orangerie, ideado como invernadero para especies tropicales.  #Unión Europea #Calidad de vida