En Málaga, capital de la Costa del Sol, sus gentes chapurrean el inglés y el alemán con orgullo, por atraer durante todo el año, con su sol y sus vinos, a nuestros vecinos del norte europeo. Alemanes y daneses se enrojecen bajo el sol abrasador de esta parte del litoral y traen consigo la mayoría de los ingresos de la ciudad y de las numerosas playas repartidas por su costa.

Acomodada de cara al mar, se resguarda del interior con un laberinto de sierras: los montes que llevan su nombre y la Sierra de Mijas, muy habitada, con numerosos pueblos moriscos donde se alarga alegremente el verano, lejos del cemento vertical a orillas de las playas y de la mayor concentración de campos de golf de toda Europa.

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En las cercanas montañas, Mijas amanece siempre recién encalada, con sus postigos de azul intenso, sus cubiertas de teja árabe y sus estrechas calles abarrotadas de talleres artesanales. Aunque no cuenta con la oferta hostelera de otros municipios costeros, a Mijas no le faltan turistas. Conocen el pueblo a lomos del burro-taxi y aprovechan para probar las viejas recetas que recuperan los vecinos del lugar: gazpachuelo, salmorejo, maimones (sopa de ajo), cachorreñas y sopas de tomate con limón. Y muy cerca está Benalmádena pueblo, donde el aire huele a monte y el aspecto de sus casas sigue tranquilo y sereno.

En el aire de Coín permanecen el color de las sedas y el olor a perfumes que comerciaban los árabes. Era paso obligado a ultramar, con buenas pasas, frutas y saludables vientos. La vid y la pasa proporcionaron grandes beneficios a toda la provincia, hasta finales del siglo XIX, cuando una plaga arrasó todos los campos de la comarca.

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El privilegio de situarse en el valle del Guadalhorce, uno de los más ricos en agua del sur de Málaga, también lo comparte Alhaurín el Grande. Hasta no hace mucho, los hombres y mujeres que trabajaban en las huertas respondían a la llamada que se hacía desde el pueblo soplando una caracola, para avisarles que el almuerzo ya estaba servido. Encontrarás esmerados trabajos artesanales, desde la cuchara de palo y la alpargata de pita, hasta los bordados a mano. Todo un gustazo. #Cocina #Cultura Málaga #Calidad de vida