Empezando por el sur, frente a la costa de Cerdeña, se halla Bonifacio, una pequeña población construida en lo más alto de unos acantilados blancos, conservando todo el encanto y sabor de la cultura mediterránea de la Alta Edad Media. Dentro de su espacio amurallado podrás admirar una de las pocas iglesias góticas de la isla y la calle de Los Dos Emperadores alberga frente a frente las casas donde se alojaron Carlos V y Napoleón. Del puerto salen numerosas excursiones para conocer las islas y grutas de la costa, siendo la más popular la que te lleva a la reserva natural de las Islas Lavezzi, mientras que hay otras que te acercan a la Gruta de Sdragonato o al Grano de Arena.

Anuncios
Anuncios

En Ajaccio, todo te recordará a su vecino más ilustre, Napoleón. La vida social se desarrolla entre la Plaza del General De Gaulle y la del Mariscal Foch, donde podrás degustar las típicas empanadillas hechas con brocciu, el queso corso más típico. Puedes visitar el Museo Napoleoniano y terminar en la catedral renacentista donde se bautizó, aunque Ajaccio ofrece mucho más, como su ambiente nocturno en la zona del puerto o la ribera norte de su golfo que culmina en el Cabo de la Parata.

La acción del viento sobre el granito han creado en el Golfo de Porto un paisaje sobrenatural conocido como Les Calanches, que podrás recorrer a pie por sus senderos, siendo el más popular el Camino del Castillo. Los barcos también recorren el golfo, destacando la Reserva Natural de Scandola, masa volcánica de formas caprichosas que alberga gran número de aves marinas.

Anuncios

Porto es la puerta de entrada al interior, con un frondoso bosque de pinos y hayas a través de puertos y gargantas casi siempre atravesadas por puentes ojivales de época genovesa, mientras que Corte es la patria de la cultura corsa, con el Museo de Córcega en el interior de su antigua ciudadela, y lugar ideal para explorar el corazón de las montañas, los lagos glaciares o gargantas como la de Restonica.

Se dice que el paraíso de Córcega está en la Balagne, una zona al noroeste donde surge un paisaje fértil de suaves colinas llenas de pinos, olivares, viñas y encinas, pero sin turismo, con playas enormes y salvajes que se cuentan entre las mejores de la isla, caso de la de Algajola. El lugar indiscutible es Calvi, un lugar que parece salido de una postal, con su conjunto fortificado y la ciudadela de origen genovés.

Nadie debería irse de la isla sin probar algunas de sus especialidades gastronómicas, caso de los embutidos, entre los que destaca los figatellu (salchicha de hígado), el coppa (lomo de cerdo), o el lonzu (chorizo). También destacan la miel de Maquis, una gran oferta de vinos y multitud de quesos como el brocciu o el niolo. #Unión Europea #Calidad de vida