Al caer la noche, Nueva York se quita su estrés diario y se balancea a ritmo de rock, swing, merengue o hip-hop, abriendo los brazos a toda clase de razas, lenguas y colores de piel, en una noche que nunca acaba. 

La peregrinación por el mundo nocturno de la Gran Manzana puede empezar con un simple whisky en el bar de un célebre hotel. No es más que el aperitivo porque las opciones son múltiples, desde cenar y bailar al ritmo de una gran banda, hasta sumergirse en un concierto, pasando por un baile dulzón y caribeño muy arrimado.

Los tugurios porno, vendedores de droga y cines X han ido emigrando de Times Square a otras zonas más acorde con ellos, dejando un Broadway más revitalizado, limpio y cuidado, donde los espectáculos alternan con nuevos restaurantes y con los bares de siempre.

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El reino de la nostalgia es Midtown, repleta de clubes de jazz y rithm´n´ blues, así como grandes bandas. Es el destino indicado para quienes acuden a escuchar o bailar canciones al calor de una orquesta en directo, recordando al Nueva York de las películas.

Desplazándonos al sur de Manhattan, al Downtown, encontramos clubes más vanguardistas, en los antros de greenwich Village y las salas más modernas en el bohemio y artístico Soho o en los antiguos edificios de almacenaje de Tribeca. El rock más radical campa por Lower East Side, el barrio de aspirantes a artistas.

El calentamiento para una noche intensa puede comenzar en cualquier bar probando los diferentes cócteles surgidos a finales del siglo XIX, junto a multitud de ejecutivos que se citan al caer la tarde en su barra, caso del King Cole Bar o el Harry Cipriani.

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Los ricos y famosos del cine y la televisión apuestan por el Hogsand and Heifers, compartiendo barra con policías, bomberos y obreros.

Si por el contrario eres un fan del jazz tradicional, te encontrarás como en casa en Red Blazer Too, el lugar perfecto para quienes desean retroceder 50 años en el tiempo. Birdland, amplio y abierto, te ofrece la posibilidad también de degustar un menú sureño. Muchos de estos clubes ofrecen jam sessions de artistas noveles que duran hasta primera hora de la mañana, con público estudiantil y bohemio.

El rock suena también con fuerza en Manhattan, en lugares como Knitting Factory, el santuario del rock progresivo de Tribeca, un lugar con una audiencia interesada en sonidos vanguardistas, o el Webster Hall, donde podrás escuchar desde acid jazz hasta rock o reggae. Bandas en directo se dejan caer por el Limelight, mientras que Mercury Lounge es uno de los mejores sitios para admirar a rockeros o cantantes de country.

Entre rockeros sobreviven aún los cantantes de cabaret, una especie de reliquia que son tradición en Nueva York.

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Con solo el micrófono en mano y un simple piano, deleitan a una pequeña audiencia respetuosa. El Café Carlyle es uno de los clásicos del género, aunque el más radiante de todos los cabarets es el Rainbow and Stars, alojado en el piso 65 del Rockefeller Center, con unas vistas espectaculares de la ciudad. #Estados Unidos #Musical #Calidad de vida