Cuando pensamos en Vietnam lo primero que nos viene a la cabeza es la Cabalgata de las Valquirias de Wagner acompañada de helicópteros en el film de Coppola. También podemos pensar en un país de economía pobre y poco desarrollado. Si bien es cierto que su riqueza es menor que la de las primeras potencias asiáticas, esto no quiere decir que sea un país pobre. Más bien, diferente, y viviendo bajo una peculiar política comunista que lo aleja de otro países con aparición constante en los medios. Vietnam ya no es una país en guerra, ni colonizado. Es un país que ha logrado una identidad propia después de años de (o)presión occidental y que hoy recoge esa mixtura.

La capital del sur del país, Ho Chi Minh, conocida popularmente por su antiguo nombre, Saigon, es el mayor ejemplo de ello.

El avión nos deja en el pequeño aeropuerto internacional en el centro geográfico actual de la ciudad. Una ingente cantidad de taxistas, sea vía compañía o “autónomos” se ofrecerán a llevarnos por un módico precio hasta la puerta de nuestro hotel o el centro histórico. A ojos del turista, los precios en Ho Chi Minh pueden parecer baratos, pero dentro de la renta del país algunos productos o servicios, como este viaje en taxi de media hora para llegar al mercado Ben Thanh, son caros.

Llegamos al atardecer, y falta poco para que Ben Thanh cierre sus puertas, así que es el primer lugar al que entramos. Estrechos y laberínticos pasillos repletos de camisetas y pantalones de “marca” a precio de saldo, complementos, bolsos, telas que si el turista elige se convertirán pronto en una prenda de ropa, comida, flores… lo que viene a ser el mercado central de toda ciudad, aquí logra una atmósfera particular donde el comercio y el regateo se convierten en un #Arte popular.

Los principales lugares turísticos de Ho Chi Minh se encuentra rodeando Ben Thanh, así pues, esperando que se haga la hora de cenar nos acercamos al Palacio de la Reunificación, lugar repleto de historia que podremos palpar visitando sus salas. Muy cerca, para seguir descubriendo el origen del nuevo Vietnam, se encuentran otros museos, como el Museo de los restos de la guerra. Pese a su interés y el poder ver objetos del periodo, su horario de visitas es breve.

Alrededor de las seis y media nos acercamos al restaurante Mon Hue, justo detrás del mercado Ben Thanh para comer un buen plato de Bun Bo Hue, una deliciosa sopa de carne. Otra opción gastronómica muy interesante es rodear el Ben Thanh, que tras cerrar sus puertas abre un mercadillo callejero repleto de puesto de comida típica al que los vietnamitas suelen acudir.

Con las energías recuperadas podemos visitar lo que nos queda del centro histórico de la ciudad. Hay que tener cuidado al cruzar las calles, repletas de pequeñas motos en las que puede llegar a subirse una familiar entera, y sin apenas semáforos que ayuden al peatón a cruzar.

Así, bajo las luces de neón nocturnas, podemos acercarnos a las fachadas rosadas y amarillas tono pastel de la oficina de correos, el ayuntamiento y la ópera. O visitar la Basílica de Notre-Dame. Todos ellos edificios de estilo europeo. Y bajando la calle comercial llegaremos al Saigon Sky Deck, un rascacielos moderno que ofrece una vista panorámica de la ciudad.

Pero en Ho Chi Minh lo más interesante no son sus edificios, sino la vida que desprende. Por ello, caminar por los parques y hospedarse en la calle de los mochileros será lo más apasionante de vivir un lugar que es toda una experiencia y una sorpresa.

#Alimentos #Calidad de vida