Mientras el ferri nos acerca a la pequeña isla de Miyajima, ya desde lejos brilla ante nuestros ojos un esplendoroso Otorii bermellón que parece surgir del mar, y hace de puerta de entrada al santuario de Itsukushima. Miyajima (isla santuario), “la isla donde conviven hombres y dioses” además de ciervos, mensajeros divinos que pueden campar a sus anchas, y que se han convertido en el centro de atención para los turistas.

Considerada lugar sagrado, en el año 593 se construyó en sus orillas y sobre el mar el santuario dedicado a la diosa guardiana de los mares. Siglos más tarde, en 806, el monje Kobo Daishi construyó un templo en la cima del Monte Misen, que corona la isla.

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A lo largo de su historia, la puerta Ootorii, ha sido destruida por guerras y tifones varias veces. También el santuario, debido a ataques piratas como el de 1541 o el del movimiento anti-budismo de 1868. Pero ambos símbolos de Miyajima siempre se han vuelto a levantar. En 1952 se declaró lugar histórico y en 1996 fue registrado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además de ser considerada por el gobierno japonés uno de los tres lugares más bellos de Japón

A día de hoy el lugar se ha convertido en un centro turístico y cultural, especialmente para los visitantes nacionales, tranquilo y agradable. Al bajar del ferri podemos pasear por la calle comercial, llena de restaurantes con los productos típicos de la zona: anguila, ostras y okonomiyaki. Después de comer podemos ver la paleta de arroz más grande del mundo, producto típico de la región que podemos comprar como suvenir en un tamaño más práctico. 

Siguiendo nuestro recorrido, al subir una pequeña loma nos encontraremos con Senjokaku (pabellón de los mil tatamis), un edificio construido entre 1587 y 1598, dedicado a la lectura de sutras.

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Colgados de su techo hay decenas de cuadros de diferentes periodos. Junto a Senjokaku está la pagoda de cinco pisos Goju-no-to, del año 1407 que combina la arquitectura japonesa con la de la dinastía china Tang.

Bajando, a pie de playa podremos visitar el santuario de Itskukushima con su pabellón de las ofrendas, el de los oficios y el de la purificación. Desde ahí tendremos una maravillosas vistas del Ootorii, accesible a pie cuando baja la marea. En el centro histórico también está el Pabellón del tesoro, que guarda más de 3.500 piezas ofrecidas al clan Taira. El camino nos llevará hacia el templo Daishoin, perfecta entrada para coger el espíritu que nos ayudará a subir el Monte Misen. En su cima, las vistas de Hiroshima y las islas circundantes serán un recuerdo que no podremos olvidar. Para bajar (también al subir) hay disponible un teleférico.

De vuelta al pueblo tenemos la posibilidad de visitar el Museo de Historia y Folclore de Miyajima o el Acuario. Y una vez visto el atardecer cubriendo de oro el Ootorii podemos alojarnos en alguno de los hoteles que ofrecen habitaciones de estilo japonés tradicional.

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Recomendamos Miyajima Guest House Mikuniya, donde el trato es muy agradable, el lugar realmente cómodo y el precio muy asequible.

Según la época del año en la que visitemos la isla podremos disfrutar de diferentes festivales: el de las ostras (en febrero), el de las muñecas hina matsuri (a finales de marzo y principios de abril), el importante festival Kangen (en junio) que recupera la tradición e historia del lugar; y el de fuegos artificiales (en agosto).

Miyajima, un lugar para relajarse y descubrir uno de los secretos que hacen tan especial a Japón. #Arte