¿Alguna vez has viajado? ¿Salido de tu país? ¿Salido siquiera de tu comunidad? Si ese no es tu caso, seguramente estés preguntándote de qué va exactamente este artículo de opinión. Incluso en cierta medida, sintiéndote ofendido sin saber exactamente por qué.

Durante las diversas diversificaciones geopolíticas —las primeras civilizaciones hasta hoy—, desde diferentes puntos siempre ha habido un sinfín de movimientos migratorios a lo largo de todo el globo.

Inmigración y emigración...

Basta con leer los recientes estudios basados en las dinámicas migratorias. Muchos están volviendo a sus países de origen debido a el estallido inminente de la denominada crisis europea.

Ya no es viable pensar que el denominado «primer mundo» es el lugar idóneo, ya que se ha visto a su vez una creciente salida de gente que opta por trasladarse a otros lugares.

Si te encuentras en una situación nómada, sabrás a lo que me refiero. Incluso, lo has sabido desde que has leído el título. Cuando llevas tiempo yendo y viniendo, no te queda más que seleccionar qué llevas exactamente contigo. Independientemente de cómo sea tu estatus socio-económico, cuando nos movemos por primera vez, solemos llevar aquellos artilugios que no hacen más que ocupar espacio y evocarnos recuerdos produciéndonos un placer a la vez que una grisácea melancolía. Reaccionar, caer a tierra de que aquellos momentos no volverán, son los que en parte nos aferran a las cosas materiales que denominamos «recuerdos».

Es como si necesitáramos una prueba gráfica.  

Cuando llevas ya un cierto tiempo en vueltas. Cuando no sabes exactamente qué hacer ni a dónde ir y estás lleno de miedos sobre lo que ocurrirá, no puedes evitar preguntarte ¿Y si pierdo la mejor de mis oportunidades? «Mejor arrepentirse de lo hecho, que de lo no hecho».

Después de un tiempo en el espiral de hoy aquí y mañana allá, llega un momento sublime: cómo mi percepción sobre lo que debo llevarme, se ha estado transformando durante todo este tiempo.

Es notable darse cuenta por sí solo de que «eso» que tenías ahí abandonado pero que nunca tiraste «por si acaso», no tienes porqué llevarlo, porque simplemente ¡no lo necesitas! Siempre puedes obtener más en tu destino sin tener que acumular. No atarnos a este tipo de cosas es fundamental para darnos cuenta de qué única y exclusivamente, deberemos llevar lo básico y después «veremos»…

Al final, tu maleta, después de algunas horas decidiendo, se reduce a: poder vestirte; lo básico de tecnología (si dispones de un ordenador, tableta o móvil); libros; notas y algunas pocas cosas más.

Resulta interesante, curioso, paradójico e hipócrita que mientras yo estoy escribiendo este artículo, hay millones de personas que vienen con lo puesto, porque se lo han arrebatado todo. 

Al final, cuando te das cuenta de las prioridades que merecen verdadera atención y finalmente tratas a los objetos como tal, es cuando tomas consciencia de lo que verdaderamente importa…  y desde luego, no se halla en lo material. #Paro #Inmigración #Emigración