Uno de los episodios más curioso, a la vez que terrible, de la Guerra de Vietnam se produjo cuando la población de Vinh Moc, una pequeña aldea de apenas 1200 habitantes en lo que en la actualidad es el centro del país, cerca de la ciudad imperial de Hué, pero que en esos momentos estaba situada justo en la DMZ (la Zona Desmilitarizada) o lo que es lo mismo, la frontera que separaba Vietnam del Norte de Vietnam del Sur, sufrió un continuo bombardeo norteamericano - se calcula que aproximadamente una media de siete toneladas de bombas por cada habitante - lo que hizo que sus habitantes buscaran una alternativa de vida y comenzaran a cavar túneles para refugiarse de esos ataques.

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En un principio, estos túneles se cavaron a una profundidad de unos doce metros, pero la intensidad de esos bombardeos hizo tomar la decisión de excavar más y así llegaron a construir otros dos niveles más de profundidad, uno a unos quince metros y el más profundo a unos veintitrés. Esto se convirtió no solo en un refugio provisional, sino en una verdadera "nueva aldea" donde vivían unas sesenta familia y donde en el período de seis años (1966-1972) llegaron a nacer hasta diecisiete niños.

En la actualidad, los túneles de Vinh Moc se ha convertido en un punto de peregrinación de un turismo no masificado, como sí es en el caso de los túneles de Cu Chi, en el sur del país, cerca de la ciudad de Ho Chi Minh, sino un lugar donde ir a entender una de los momentos más tristes de la historia reciente del país del sudeste asiático.

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La visita se puede hacer por cuenta propia, aunque quizás la mejor manera es contratar una de las muchas excursiones que recorren algunos de los lugares más importantes, como el Museo del aeropuerto de Ta Con, Puente de Hien Luong sobre el río Ben Hai que fue la frontera natural que había entre el Norte y el Sur, o la llamada Colina de la Hamburguesa donde aún se pueden ver los efectos devastadores de los bombardeos norteamericanos con napalm.

Un importante laberinto de kilómetros de claustrofóbicos túneles que no solo servían de conexión con las distintas trincheras donde operaban las fuerzas norvietnamitas, sino donde llegaron a existir cocinas, salas de curación a modo de hospital, escuela y todo en un lugar con un alto grado de humedad y con las condiciones infrahumanas que se suponen de vivir bajo tierra y que el visitante puede comprobar y sentir en carne propia durante la ruta de unas dos horas de duración. #Globalización