En mi incesante búsqueda por el mundo del misterio, he conocido infinidad de lugares que sin duda alguna están envueltos de una esencia especial. Como si de una hoja movida por el viento se tratara, aterrizó ante la pantalla de mi ordenador, uno de esos destinos turísticos, que sin duda alguna, son un plato prohibido para algunos, y un tesoro para otros.

La Isla de las Muñecas Malditas, en México. Un lugar terrorífico a la par que curioso, que alberga cientos de miles de muñecas, muchas de ellas, decapitadas. A este lugar, acuden cada año miles de personas que ansían escuchar la historia que se encuentra detrás de esta macabra composición.

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Para entender un poco la función que tienen estas muñecas, hemos de conocer primero a un tipo llamado Julián Santana Barrera, un hombre un tanto extraño que no hablaba con nadie. A lo largo de los años, Julián se fue a vivir en total soledad a una pequeña isla, que años más tarde, pasaría a conocerse por la Isla de las Muñecas Malditas.

Cuenta la leyenda, que una chica se encontraba nadando por uno de los innumerables canales que afloran la región de Xochimilco. Por un capricho del destino, una maleza se enredó su pierna. El agotamiento y la lucha sin éxito por librarse de esa trampa mortal llevo a la muchacha a morir ahogada. Nada ni nadie escuchó oyeron sus gritos ni sus suplicas, su cuerpo se perdió en lo más profundo del rio.

Al cabo de los días, el cadáver fue liberado; y nuevamente, por un capricho del destino, este fue flotando hasta la puerta de la pequeña cabaña donde vivía Julián Santana.

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La visión del cadáver de la joven, descompuesto e hinchado por el agua, hizo mella en Don Julián, forjando su imagen a fuego lento, en el interior de su alma. El trauma fue tal, que el fantasma de la ahogada se le aparecía noche tras noche en la habitación, privándole del sueño, que tan necesario es para todo ser humano.

A partir de ese momento, es donde entran en juego las protagonistas de esta historia, las muñecas. Don Julián, bajaba diariamente al pueblo a vender las verduras que cultivaba en su huerto. Fue entonces, en uno de esos días de venta, cuando una muñeca desgastada se cruzó en su camino, sin saber cómo ni porque, decidió colocar el juguete en la alambrada que rodeaba su hogar. A raíz de ese momento, las apariciones cesaron, y desde entonces, Don Julián dedico su vida a buscar muñecas, para usarlas como amuleto de protección que absorbiera la maldición provocada por la muerte de la joven. Sus vecinos, también contribuyeron, y de este modo, poco a poco, salió a la luz lo que a día de hoy se conoce como la Isla de las Muñecas Malditas.

Como dato curioso, cabe recalcar que Don Julián falleció hace unos años, justo en lugar, donde perdió la vida, la chica que se ahogó. La Isla de las Muñecas Malditas, un destino turístico, de obligada visita para aquellos que vayan a México, en busca del misterio. #Historia antigua