En México desde que terminó la época del Porfiriato, se terminó el gusto por el buen Teatro, pues todos se preocupaban por sobrevivir, tanto ricos como pobres tuvieron otras prioridades en sus vidas. Llegó después la televisión a los hogares mexicanos y ese detalle fue empeorando las cosas; aún así a la sociedad burguesa que se había recuperado le volvió el gusto por el buen Teatro.

Con el paso de las décadas se fue acentuando la pobreza y la inseguridad en el país, sobre todo con la llegada de la Globalización que, como a he dicho en otros artículos, vino a beneficiar a los ricos y a perjudicar a los pobres, la clase media prácticamente ha ido desapareciendo poco a poco.

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Con la Globalización llegaron las computadoras a las casas mexicanas y en los 90' el Internet; poco a poco hasta la TV y el cine están siendo desplazados por la red.

Dadas las circunstancias actuales en que todo se consigue fácilmente al acceder a la red, las personas con el paso del tiempo han perdido el hábito de asistir al Teatro y, por supuesto, han perdido su gusto por la Ópera; obras como “Romeo y Julieta” de William Shakespeare y “Las Bodas de Fígaro” de Mozart las nuevas generaciones ni las conocen, qué digo las conocen, ni siquiera han oído hablar de ellas. Esos cambios en la sociedad con el uso masivo de las TIC’s ha provocado que las personas musicalmente talentosas, incluso tenores y sopranos, se vean obligadas a cantar #Música pop durante la mayor parte de su Carrera Artística, pues ya son contadas las obras operísticas en las que pueden trabajar.

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Llámenme anticuada si quieren, pero no se me hace justo que tanto talento sea desperdiciado por la falta de oportunidades que hay en nuestra sociedad globalizada; sólo los europeos, y uno que otro latino que tiene la oportunidad de viajar a Europa, tienen la fortuna de representar de vez en cuando algún famoso personaje de las Operas Clásicas. No se vale que el talento se vea obligado a popularizarse para poder trabajar y subsistir; en fin, todo ha sido resultado de los inventos y descubrimientos que comenzaron a finales del siglo XIX y que al parecer ya no hay nadie que los pare. Hasta mediados del s. XX la verdad era absoluta, pero ahora es relativa (siempre están descubriendo algo nuevo). Como diría aquel famoso Filósofo griego: "yo sólo sé que no sé nada".