Con la llegada de los smartphones (siguiendo la estela de terminales móviles anteriores como las BlackBerry), ahora tenemos acceso a mucho más que llamadas desde la palma de nuestra mano, ¿pero cuáles pueden ser las consecuencias del abuso de estas nuevas tecnologías que se supone, ayudan a mejorar nuestra calidad de vida?

De acuerdo con los datos recogidos por la agencia de marketing Oracle Eloqua, los usuarios de los terminales, llegamos a mirar sus pantallas más de 150 veces al día. Además, una encuesta realizada por Statistic Brain desveló que tres de cada diez usuarios mira su teléfono o tablet desde la cama, nada más despertar, habiéndose convertido en parte de su rutina diaria (¿quizá un trastorno obsesivo-compulsivo?).

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Aquí exponemos algunos de los males causados por ellos:

La contaminación electromagnética puede llegar a perturbar nuestro ritmo de sueño, reduciendo nuestros niveles de melatonina. Se experimenta un preocupante aumento del estrés oxidativo, generando una piel más opaca y causando un envejecimiento prematuro de la misma, especialmente por las ondas de redes wifi. Es por ello que se recomienda siempre dejarlo lejos de nosotros mientras descansamos. Muchas personas afirman que duermen más tranquilos cuando lo dejan fuera de la mesita de noche.

¿Cuántas bacterias tendrá un dispositivo que siempre llevamos a todas partes y al que rara vez limpiamos siquiera la pantalla? Algunos estudios han constatado que es posible hallar hasta veinte veces más microorganismos patógenos en el móvil que en la tapa del inodoro de su usuario.

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De modo que ahora sabemos que es más sano poner nuestra oreja en la misma que charlar gastando saldo.

¿Y qué ocurre con nuestro cerebro? Un estudio de la Universidad de Zurich analizó la influencia cerebral de los móviles, asegurando que nuestro cerebro tiende a adaptarse y configurarse de acuerdo a la tecnología digital, con todas las consecuencias que ello conlleva, especialmente con aplicaciones como Whatsapp o redes sociales.