Cuando la noche del 8 de noviembre Donald Trump fue elegido como nuevo presidente de los Estados Unidos, medio mundo se echó las manos a la cabeza. Una persona racista, multimillonaria y homófoba iba a ser presidente de la primera potencia mundial. Su discurso populista arrasó con el público más conservador y lo que parecía una broma hace solo un par de meses ha acabado en realidad.

En el sector económico, el gobierno de Trump se ha propuesto acabar con tratados internacionales de comercio, poner barreras a las importaciones y recuperar la industria que emigró a países emergentes para así generar más empleo. Este tipo de medidas, más propias del siglo XX que de la actualidad, solo harían perjudicar a la economía de los Estados Unidos y muchas empresas se verían perjudicadas, sobre todo aquellas que exportan gran parte de su producción.

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De este modo, una empresa que se vería directamente afectada sería #Apple, una empresa que exporta material tecnológico a todo el mundo y que tiene sus fábricas en países con mano de obra barata como China. Especialmente China ha sido la más criticada por Trump, ya que muchas de las empresas americanas tienen ahí su producción. El propósito de Trump es que todas estas empresas se reubiquen en terreno americano para así dar empleo a la población estadounidense.

Los precios, ya de por si altos, a los que vende Apple sus productos, se verían gravemente afectados, ya que una política económica proteccionista lleva consigo un aumento de las tasas por aduanas. Además, si Trump rompe los tratados de libre comercio que tiene establecidos con diferentes países como ha dicho que hará, los costes para las empresas aumentarían substancialmente y deberían apañárselas para no reducir sus beneficios.

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Con esta peligrosa combinación proteccionista, quizás los productos Apple podrían llegar a encarecerse entre un 5 y un 10%, que no parece mucho, pero con productos de más de 1000€ se traduce en unos 100€ más.

Pero como ya se sabe, una cosa es lo que se dice en campaña electoral para ganar votos y otra lo que realmente haga Trump cuando todas las empresas de Silicon Valley se le tiren encima reclamándole que dé marcha atrás en sus intenciones. Por mucho que se quiera revitalizar la zona centro de Estados Unidos implantando nuevas fábricas, no hay razón alguna para tomar medidas que harían perder millones de dólares a las empresas líderes de todo el mundo y que podrían acabar por trasladar todas las sedes a países como Canadá, que por supuesto, estaría encantado de recibirlas.