El siglo XXI ha traído de la mano una escalada de fenómenos anormales o inusuales que impregnan cada vez más la cotidianidad.

En el campo de las nuevas tecnologías: las ´´tecnopatías´´. Bien se trate del mero hecho de olvidar con frecuencia datos que antes reteníamos fácilmente -´´efecto Google´´-, o de imaginarnos sin motivos que recibimos una llamada telefónica -´´síndrome de la llamada imaginaria´´, estamos ante patologías cuyos síntomas se hacen cada vez más extensivos entre millones de usuarios de los nuevos avances tecnológicos. Los mismos, que provocan diversas afecciones psicológicas que albergan desde fenómenos como la creación de una auto-percepción de impopularidad derivada del uso de redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram – denominada ´´depresión social´´-, la auto-sugestión derivada de la lectura de contenidos online –o ´´cibercondría´´-, o el sentimiento de inseguridad al sentirnos desprovistos del teléfono móvil - ´´nomofobia´´-.

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Por otro lado, a lo largo del presente siglo han emergido múltiples enfermedades nerviosas o neuróticas que dificultan aún más las ya complejas relaciones sociales. Una de las más reconocidas son la adicción al uso de las nuevas tecnologías o ´´ciberadicción´´ (ligada a las patologías antes descritas), así como adicción al trabajo –caracterizada por generar una incapacidad para disfrutar del tiempo de ocio a las personas que la padecen-. Además, se han colado otros trastornos ligados con la apariencia personal y la condición física, que proliferan rápida y preocupantemente. Por ejemplo, la obsesión con practicar ejercicio físico o ´´vigorexia´´, con llevar una dieta saludable u ´´ortorexia´´ y, la preocupación excesiva por la estética o ´´adicción a la cirugía plática´´ -que llevada al extremo deriva en ´´dismorfofobia´´ o fijación por el aspecto físico o autoimagen-.

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A pesar de que todos los fenómenos anteriores se presentan principalmente durante y a partir de la adolescencia, otros como el ´´síndrome de hiperactivdad´´ y el ´´déficit de atención´´ encienden la alerta entre edades más tempranas. Abriendo, muchas veces, un debate acerca de los riesgos que implica el mundo online para el desarrollo de la socialización primaria.

Trátese, por tanto, de efectos advertidos o inadvertidos,  la anormalidad de la era contemporánea es un hecho que podría decirse irreversible. De modo que una vez que ha llegado para quedarse, sólo el autoconocimiento personal y la prevención educativa podrán mitigar algunos de sus efectos colaterales. El debate entonces se sitúa en si seremos capaces de lograrlo, o pereceremos víctima de nuestras propias limitaciones, en el intento. #Redes Sociales