El acceso al agua potable es uno de los principales problemas de este siglo a nivel global. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, unos 3.500 millones de personas tienen un acceso insuficiente al agua, mientras que más de 1.800 millones se abastecen de agua contaminada.

Con estas cifras tan escandalosamente reales, son cada vez más numerosas las iniciativas que pretenden aportar soluciones prácticas. Una de ellas viene de los Países Bajos, en concreto de un equipo interdisciplinar con base en La Haya. El proyecto, denominado SunGlacier, explora la creación de un dispositivo barato que permita a la gente más desfavorecida producir agua potable casi a partir de la nada.

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Tras meses de trabajo y una vez constituidos como empresa, acaban de construir una máquina fiable, llamada Watercube, que condensa la humedad del aire usando energía solar. El agua resultante puede emplearse para consumo humano directo o bien para regar pequeños huertos.

El dispositivo cuenta con sistemas de refrigeración y ventilación, y un cono de condensación donde van creciendo las gotas hasta que alcanzan el tamaño adecuado para deslizarse por gravedad hacia el vértice y acabar en el recipiente de recogida. Como ventajas adicionales, el Watercube es fácil de limpiar y transportar, precisa un mínimo mantenimiento e incluye un pequeño filtro que añade minerales al agua.

Como dato curioso que da una idea clara de la evolución de este proyecto, el primer prototipo que ensayó el equipo suministraba solo 20 centilitros de agua con ayuda de un panel solar de 50 centímetros y 25W-12V, mientras que el siguiente paso de SunGlacier será desarrollar un dispositivo más grande que el actual Watercube para producir, como mínimo, 10 litros al día.

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Además, los resultados de estos holandeses son todavía más esperanzadores para los países en desarrollo con los climas más cálidos. El aire caliente es capaz de contener mucha más humedad antes de condensar que el aire frío, hecho que comprobaron ellos mismos en laboratorio simulando las condiciones de un día caluroso en el desierto frente a un típico día húmedo de primavera holandés. El resultado, aunque sorprendente, es ilusionante: el aire del desierto contiene hasta cuatro veces más agua.

Es evidente que el Watercube no va a ser la panacea para acabar con el problema del agua o las sequías recurrentes del planeta, pero es un método barato, práctico y tangible que aporta su granito de arena. #Energías renovables #ONU #Alimentos