Según una infografía realizada por #Internet Service Provider, el 71% de las mujeres emplea las #Redes Sociales en su vida cotidiana en comparación con un 62% de los hombres. Sí, hoy en día la mayoría de la sociedad utiliza las nuevas tecnologías para comunicarse o simplemente entretenerse pero, ¿hacemos un buen uso de las redes sociales?

Hace unos días conocíamos el caso de Essena O'Neill. Se trata de una chica australiana de 18 años que, hasta hace relativamente poco tiempo, tenía 721.000 seguidores en su perfil de Instagram. Aparentaba tener una vida idílica y sin más preocupación que la de seguir siendo popular para sus fans.

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Llegó a reconocer haber vivido toda su vida por y para la aprobación de los demás, su aspecto físico... Y todo ello se acabó plasmando en las redes sociales creando una adicción. Ahora confiesa todo el proceso de preparación de lo que aparentemente parece una simple fotografía. Incluso ha pedido perdón por engañar y manipular acerca de su vida. 

Pero, ¿dónde se utilizan más las redes sociales? En Estados Unidos. La cantidad de usuarios estadounidenses que utiliza estos medios de comunicación social es de 129.987.341, más del total de residentes en Japón. La red social por excelencia es Facebook ya que la mayoría de sus usuarios invierten en ella 405 minutos, es decir, alrededor de siete horas mensuales. De hecho, el 67% de adultos utiliza esta plataforma, del cual el 58% son mujeres.

Así pues, hay que destacar la diferencia en el uso de las redes sociales entre hombres y mujeres.

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Ellas prefieren Twitter, Facebook y Pinterest mientras que ellos se decantan más por Google+, LinkedIn y Youtube.

Pero es hora de cuestionarse algo y reflexionar acerca de ello: ¿cuál es el uso que le damos a las redes sociales? ¿En qué invertimos nuestro tiempo? ¿Es perjudicial para la salud mental? Hemos conocido el caso de David, un joven de 27 años que se fue a dormir teniendo 264 seguidores en su cuenta de Instagram y se despertó con 27.000. No sabía qué estaba ocurriendo hasta que descubrió que alguien le había hackeado su perfil y podía publicar fotos de él en otros lugares y con otra gente.

Durante un tiempo, él disfrutaba de esa vida que tanto había soñado. Todo demás le aburría y le sabía a poco. Aún así, estaba intrigado por saber qué ocurría realmente detrás de todo aquello. Hasta que un día, vio en el metro al chico que salía en todas sus fotos, le siguió y supo a qué estaba pasando. No era más que un experimento social debido a su trastorno, obsesión y uso desmesurado de las redes sociales que radica en el afán de protagonismo y narcisismo. Finalmente, quedó ingresado algunos días en un centro.