#Microsoft vive una segunda juventud desde que Satya Nadella sustituyó a Steve Balmer como CEO en febrero de 2014. Las acciones del gigante americano han incrementado su valor un 26'85% y la popularidad entre los consumidores y la prensa especializada ha llegado a niveles que muchas empresas del sector desearían. Una estrategia basada en tomar en cuenta a los consumidores, ha sido la fuerza motriz del cambio de la empresa de Seattle.

Productos como las tabletas Surface que aúnan las características de las tablets (portabilidad, enfoque a la productividad, tamaño apropiado para su transporte) y de los ordenadores portátiles (hardware potente, software maduro y más avanzado y aplicaciones más capaces) han impulsado las ventas de Microsoft y como concepto ya han sido imitados por la "competencia".

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Justo en el apartado del sistema operativo (OS en su acrónimo inglés, SO en castellano) encontramos otro paradigma del cambio de rumbo de los de Redmond; a finales de 2012 salen a la venta los primeros ordenadores con Windows 8 preinstalado y poco tardan en llegar las críticas, principalmente en cuanto al rediseño de la interfaz (la manera en la que el usuario interactúa con el SO) y en funcionalidades añadidas y suprimidas tanto a nivel de código como a uno más llamativo para el usuario medio: El clásico botón de inicio había desaparecido, una funcionalidad cuya vuelta fue reiteradamente solicitada. Dicho y hecho. Llega el 2015 y Windows 10 es presentado con el regreso del menú de inicio como la gran estrella, aunque también incluye nuevas e importantes características como un sistema de seguridad mejorado, el nuevo navegador Microsoft Edge (sustituyendo al también criticado Internet Explorer), integración con Xbox Live, el asistente de voz Cortana y sobre todo la introducción de aplicaciones "universales" capaces de ser ejecutadas en todos los dispositivos de la empresa americana.

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El nuevo sistema operativo fue en general alabado por los errores enmendados y las nuevas funcionalidades introducidas, pero ahí no acababa el gran 2015 de Microsoft. El día 6, 6 fueron los nuevos dispositivos presentados por la compañía fundada por Bill Gates: La pulsera cuantificadora Microsoft Band (Que añade nuevas funcionalidades a su versión anterior, como una pantalla de Gorilla Glass 3 más resistente y un medidor de  VO2 max que permitirá calcular el máximo volumen de oxígeno metabolizado), los smartphones Lumia 950 y Lumia 950 XL (Los nuevos topes de gama Windows Phone en los que todas las especificaciones clave se renuevan y se introduce un sistema de refrigeración líquida para solventar los problemas de sobrecalentamiento del procesador Qualcomm Snapdragon 808), la tableta Microsoft Surface 4 (Cuya pantalla sube hasta las 12'3 pulgadas y su resolución aumenta a 2.736 x 1.824 píxeles dejando una densidad de 267 píxeles por pulgada, y que además renueva los componentes internos) y los dos puntos fuertes de la presentación, las gafas de realidad aumentada Hololens (mejoradas y que en 2016 podrán adquirirse por 3000€ en su versión para desarrolladores) y el portátil transformable en tableta Microsoft Surface Book (con 13 pulgadas de pantalla, hasta 12 horas de autonomía y especificaciones punteras no para tabletas sino para ordenadores portátiles clásicos, con la posibilidad de tener en el mismo dispositivo la última versión de procesadores Intel Core i7, GPU Nvidia GeForce dedicada con 1 GB de RAM GDDR5, 16 GB de RAM y SSD de 512 GB).

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Toda una declaración de principios de Microsoft, que amplía su ya extensa oferta de productos y que deja clara su intención de no ser solo una empresa de software, sino de hardware.