Va a ser que ,  según últimas investigaciones y análisis de nuestra actual situación socioeconómica por los mejores estadistas. Todos arrojan el mismo resultado y dan como principal razón, la de que somos tontos o hemos comido gachas.

Por entendernos, la radiación es una forma de energía que se desplaza a la velocidad de la luz a una frecuencia determinada; hablando de salud humana, nuestro espectro de frecuencias clasifica la radiación en dos grandes grupos: por una parte está la radiación ionizante que ocupa la parte alta de nuestro espectro, por encima de los 300GHz donde se encuentran los rayos Gamma, X y ultravioleta y que por su gran carga energética son claramente cancerígenos, capaces de afectar a la estructura molecular separando los electrones de sus átomos y afectando al tejido biológico de nuestro cuerpo y en consecuencia al material genético del cuerpo humano.

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Por debajo de los 300GHz se encuentran la radiación de energía no ionizante; ésta puede producir inducción de corriente cuando se trata de frecuencias extremadamente bajas como la de la red eléctrica o efectos térmicos como los de la #Telefonía móvil, etc.; en cualquier caso los niveles a los que estamos habitualmente expuestos, no son suficientes para causar daños irreversibles en los tejidos biológicos del cuerpo humano.

Esta última semana escuchaba la noticia en televisión de que en España había bajado el promedio de edad de nuestros hijos para el acceso a los teléfonos móviles hasta los nueve años y pico; si sumamos que desde el año 2006 hay mas teléfonos móviles que habitantes y que somos el país Europeo que más uso hace de la telefonía móvil inteligente llegaremos a la conclusión de que somos los papas más irresponsables de la "Euroescuela comunitaria".

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En el año 2011, la agencia internacional de investigación del #Cáncer (IARC) de La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (RFEMF) que generan los teléfonos móviles como clase 2B de elementos carcinógenos; para que nos hagamos una idea, es el mismo grupo que incluye los vapores de la gasolina, el cloroformo o los pesticidas como posibles cancerígenos.

Según un artículo recientemente publicado en el diario de microscopia y ultra estructura, científicos han determinado que la absorción de radiación de la radiofrecuencia es dos veces superior en niños que en adultos porque sus tejidos cerebrales son mas absorbentes y tienen menor densidad ósea; otros estudios indican una tasa de absorción de la radiación en la médula ósea 2.5 veces mayor en niños que en adultos.

El informe Stewart del Reino Unido, más antiguo, también revelaba la mayor vulnerabilidad de los niños a los RFEMF debido a su sistema nervioso en desarrollo, la mayor absorción de energía en los tejidos de la cabeza y el mayor tiempo de vida de exposición.

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En la actualidad, de los más de 6000 estudios realizados o en curso sobre la cuestión que nos ocupa, no se han concluido indicios que relacionen la RFEMF con el cáncer u otras enfermedades graves.