Desde sus albores, los #Videojuegos han ido ligados a una serie de estereotipos negativos que los alejarían de lo que podría ser "apto para los niños"; ya fuera por contenidos que pudieran incitar a la violencia, o por la idea de que aislaban a los jugadores del mundo real y de unas relaciones sociales sanas. Aunque sabemos que estas ideas están distorsionadas, muchas personas han crecido pensando que los videojuegos no eran más que un ocio peligroso. Sin embargo, los videojuegos tienen una punto fuerte imbatible por parte de otros medios de comunicación: la interactividad.

Por eso, mientras algunos pueden sorprenderse ante la propuesta de incorporar los videojuegos en el aprendizaje -una tendencia que está creciendo exponencialmente en los últimos años-, otros hijos de los ochenta y noventa, criados entre pantallas, nos preguntamos cómo se ha tardado tanto.

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Y, desde estas ideas, surgen organizaciones como GlassLab, una unión colaborativa entre expertos pedagogos y compañías de videojuegos comerciales -en concreto, la renombrada Electronic Arts (EA), en activo desde 1982-.

Jessica Lindl, Directora Ejecutiva de la organización anglosajona GlassLab, explicaba a finales de 2013 para la BBC el resultado de su alianza con EA: la creación o, mejor dicho, adaptación de un videojuego con fines crucialmente didácticos. En efecto, el juego que se tomó como base por parte de la organización fue el famoso SimCity, simulador de construcción y gestión de una ciudad real, convertido en una versión más educativa llamada SimCityEdu. En ella se promueve que los niños aprendan sobre la gestión de recursos, el medio ambiente e incluso el idioma.  

Dentro de un videojuego, el mayor aprendizaje lo supone, sin duda, el método de prueba y error.

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En eso se basa la filosofía del aprendizaje con videojuegos: en que los jóvenes jugadores descubran los fallos de sus estrategias e ingenien nuevos cursos de acción. Por otro lado, todos los juegos son en sí un examen, un sistema de gradación basado en el cumplimiento de objetivos, que sólo es posible cuando se han adquirido las destrezas necesarias para los mismos. Es, además, un método que implica un aprendizaje y repaso progresivo, puesto que las habilidades de niveles anteriores siguen siendo necesarias para avanzar y, por tanto, se refuerzan.  

Lindl destaca además un punto importante: "no podemos prever ante qué tipos de trabajo se enfrentarán los niños de ahora cuando crezcan". Así pues, los contenidos que les demos seguramente quedarán obsoletos dentro de veinte años. Las mecánicas de razonamiento y pensamiento crítico que hayan desarrollado durante el aprendizaje, no.

Los intereses de esta organización han tomado cuerpo desde este primer juego y, en la actualidad, GlassLab dispone ya de cinco juegos online gratuitos, y se encuentra mezclada en la producción de un sexto.

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Recordemos, no obstante, que GlassLab no es el primero en proponer esta idea, ni en llevarla a cabo. Además de las obras de ciencia ficción futurista, donde el videojuego es parte esencial de la vida, aprendizaje y crecimiento de los personajes -como puede suceder en "El Juego de Ender" (1985), Premio Nébula de Orson Scott Card, adaptado al cine en 2013-, los juegos interactivos son herramientas fundamentales en el entrenamiento militar y aeronáutico, en la forma de simuladores capaces de generar automatismos en los jugadores para la práctica real. #Educación