Si queremos tener una expectativa de limitar el calentamiento global a 2° Celsius por encima de la temperatura de la época preindustrial, las emisiones acumuladas de dióxido de carbono (CO2) deben pasar de menos de 870, a mil 240 gigatoneladas (Gt) entre 2011 y 2050. Sin embargo, el carbono contenido en los recursos mundiales de combustibles fósiles está estimado en 11 mil Gt de CO2, lo que significa que la aplicación de políticas climáticas ambiciosas daría lugar a que gran parte de las reservas permanecieran sin explotar. McGlade y Ekins, en un informe cuantifican exhaustivamente la distribución regional de las reservas de combustibles fósiles que no deben ser quemados, entre 2010 y 2050, mediante el modelado de una gama de escenarios basados en políticas climáticas de menor costo.

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La novedad de este estudio radica en la representación regional de las reservas de combustibles fósiles, en cada una de las 16 regiones modeladas, los combustibles fósiles se dividen en 21 categorías que incluyen varios tipos de carbón, petróleo y gas. Se consideran las características clave, como recursos recuperables, costos de producción y comercialización, así como las tasas de caída que se producirían en ausencia de cualquier inversión adicional. Alrededor del 80%, 50% y 30% de las reservas de carbón, gas y petróleo, respectivamente, tendrían que mantenerse sin extraer.

La desigual distribución de carbono incombustible tiene consecuencias de largo alcance para los propietarios de los combustibles. Oriente Medio, que ocupa la mayor parte de las reservas convencionales de petróleo, tendría que dejar el 40% de esas reservas sin extraer.

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Esto corresponde a cerca de 8 años de la producción mundial a los niveles actuales. Del mismo modo, los países con elevadas reservas de carbón se enfrentarán a grandes desafíos, China e India tendrían que descartar el 66% de sus reservas, mientras que África tendría que dejar de extraer el 85%. Además, Estados Unidos, Australia y países de la antigua Unión Soviética tendría que dejar bajo tierra más de un 90% de sus reservas de carbón, en marcado contraste con el auge del uso del carbón en muchos lugares.

Las plantas eléctricas de gas emiten menos CO2 por unidad de energía producida que las de carbón, por lo que se han promocionado fuentes "no convencionales" de gas natural, como el gas de esquisto, como puente para la transición mundial hacia el uso de energías renovables. Animados por el reciente auge de la producción de gas de esquisto en Estados Unidos, varias regiones, entre ellas China, India, África y el Oriente Medio, están tratando de desbloquear sus grandes reservas. Sin embargo, África y Oriente Medio tendrían que abandonar la explotación de todos su recursos subterráneos de gas no convencional, y podría ser utilizada alrededor del 10% de la dotación conjunta de China y la India (que incluye cantidades sustanciales de metano de yacimientos de carbón).

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Las cifras calculadas para el período 2010-50 muestran que las cantidades de combustibles fósiles incombustibles son poco sensibles a la disponibilidad de tecnologías de captura de carbono. El futuro uso de tecnologías de eliminación de CO2 podría permitir la extracción adicional de todos los combustibles fósiles después de 2050, pero hay mucha incertidumbre asociada a la disponibilidad de estas novedosas tecnologías.