De nuevo, nos sumimos en el eterno debate acerca de si es lícito un control desmesurado del tráfico de información y la población civil, a cambio de evitar una posible amenaza global. Cada día, nuestras vidas se encuentran más conectadas a la red, habiendo desarrollado un vínculo cuasidependiente hacia las nuevas tecnologías.

En los últimos años, hemos visto aparecer numerosas pseudo organizaciones de hackers que, según muchos gobiernos como #Estados Unidos, pueden representar una grave amenaza para la seguridad nacional e internacional.

Edward Joseph Snowden, el conocido exconsultor tecnológico estadounidense, informante, antiguo empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), ha dado a conocer mediante nuevos documentos clasificados, que el gobierno del país americano está elaborando armas digitales que podrían controlar totalmente #Internet y los sitios de las posibles naciones u organizaciones enemigas.

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¿Se imagina la posibilidad de controlar las cuentas de los bancos, las aerolíneas, la electricidad, e incluso, los suministros de agua? Snowden está convencido de que el país más poderoso del mundo es capaz de hacerlo utilizando apenas un equipo de los mejores programadores del mundo.

Si a esto unimos la presunción por parte del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, de que Google trabaja para el gobierno de esta nación (cediéndole incluso acceso directo a cualquier bandeja de entrada de correo electrónico), obtenemos la sobreexposición a un solo país que se erige protector de los derechos humanos, no gozando siquiera de un sistema sanitario eficiente o la abolición completa de la pena de muerte.

Tal vez, la preocupación de Estados Unidos ante una posible guerra digital sea producto de las filtraciones (el propio Assange ya fue reconocido como un magnífico hacker a temprana edad) o de las nuevas amenazas del Estado Islámico que presuntamente ya ha protagonizado miles de ataques a webs francesas en respuesta a Anonymous.

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#Terrorismo