Hace una semana, la NASA dio a conocer el descubrimiento de nuevos planetas extrasolares, de los cuales, algunos de ellos se aventuraba la posibilidad de que albergara vida. Cada día es más habitual dar con este tipo de objetos, pero no siempre somos conscientes de la ardua tarea y complejidad que tienen los astrónomos para dar con ellos.

Un planeta extrasolar es un cuerpo de masa planetaria que orbita una estrella diferente al Sol y que, por tanto, no pertenece al Sistema Solar. Los planetas extrasolares se convirtieron en objeto de investigación científica en el siglo XX. Muchos astrónomos suponían su existencia, pero carecían de medios para identificarlos.

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La primera detección confirmada se hizo en 1992.

Dada su lejanía (siempre medida en decenas de años luz), los nuevos astrónomos especializados en su búsqueda, han de valerse de nuevos instrumentos, cada vez más sofisticados y precisos que faciliten la tarea. Métodos de detección muy utilizados son las variaciones gravitacionales que los planetas ejercen sobre sus estrellas, estas a su vez pueden medirse desde la Tierra o mediante el brillo de su astro rey.

Ayer abrió en Antofagasta (Chile) un nuevo observatorio astronómico de doce telescopios que aprovecharán este último factor para encontrar y analizar estos cuerpos celestes.

Este se trata de un proyecto más coordinado por diferentes universidades del mundo. A este respecto, hace unos días, la #Universidad complutense de Madrid junto a la de Cambridge, hicieron público un nuevo estudio en el que defendían la posibilidad de que en nuestro sistema solar aún existan grandes planetas desconocidos.

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Estos astros se encontrarían más allá de Plutón, el cual, ahora es considerado un planeta enano, junto a otros como Ceres, del cinturón de asteroides que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter. La misión espacial New Horizons será la encargada de determinar si estos planemos (objetos de masa planetaria) realmente existen, como presumen las estimaciones matemáticas. #Investigación científica