Y seguimos tragándonos las "milongas" que los gobiernos mundiales nos cuentan. Son tan astutos que nos hacen ver lo beneficiosas que ciertas medidas resultan para nosotros. Y, sin darnos cuenta, van elaborando eslabón a eslabón, la cadena que nos mantendrá en sus galeras de por vida. Implantes de microchip, fumigaciones para paliar el cambio climático, semillas muy productivas pero destructoras y venenosas y, el largo etcétera de nuestro día a día.

Han comprobado que somos fáciles de entretener. Idiotizados por los medios de comunicación, rodeados de alta tecnología pero de bajos valores. Esclavizados por el capital y el "tanto tienes tanto vales".

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Y, mientras tanto, a nuestro alrededor se cierne el drama más increíble. Como si del guión de una película de ciencia ficción se tratara.

Una estrategia más de "idiotización" que también han vendido, por el bien de unos cuantos, cada vez más, es la llevada a cabo en una ciudad de China, con más de 29 millones de habitantes. En Chongqing, ya no será peligroso para los adictos al móvil, caminar ausentes por sus calles, a riesgo de tropezones con otras personas y algún que otro atropello. A partir de ahora, podrán seguir ignorando lo que ocurre a su alrededor mientras caminan por el carril para móvil que, desde hace un par de meses, recorren la ciudad. Claro está, por su seguridad. ¿O no?

Aún más dramático, triste y patético, es lo que se vive en Pekín. Desde hace más de un año, la contaminación supera los niveles recomendados por la OMS.

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Poder contemplar un cielo azul, ya ha empezado a formar parte de un sueño. Pero no importa, para todo tienen solución y además lo disfrazan como celebración del 60 aniversario del comunismo chino. No se pone remedio a la contaminación pero, en un alarde de tecnología, unas inmensas pantallas muestran cielos azules y destinos paradisíacos que la polución no permite ver. Y lo más triste, es que queda asumido que, vivir así, es lo normal.

Soylent Green, aquella película del género de ciencia ficción ya en 1973, me hizo temer aquel futuro, que ya tenemos encima. Muy antigua, sí, pero de plena actualidad.

#Calentamiento global