Dificultades para recordar fechas, rostros o detalles del pasado, puede tener cualquier persona que no tenga más problemas de salud que un resfrío. Pero la fatalidad puede darse un día y verse expuesto a una vida sin recuerdos, o al menos a parte de ellos. Esto es lo que le sucedió a Thomas Dixon, un psicólogo estadounidense que, de un momento para otro tuvo que lidiar con las consecuencias que le produjo ser embestido por un automóvil, entre ellas, la pérdida de memoria.

El caso. Dentro de lo preocupante que puede ser la situación, Dixon no vio afectada la totalidad de su registro mental pasado, sino que fue la memoria a corto plazo, específicamente la reciente, la afectada.

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Esto le provoca que no pueda recordar lo que ocurrió en su vida, un día atrás. Para enmendar este “hueco” en su cabeza, a Dixon se le ocurrió usar su cuenta en Twitter, y a través de una minuciosa secuencia de tuits ir registrando lo que al día siguiente no se acordará y que es fundamental para encarar su agenda de actividades. De este modo, mediante la lectura posterior de los micromensajes –que hasta el momento asciende a 22.000 tuits –, se asegura saber de su rutina anterior y además, al hacerlo en la red social, no corre el riesgo de extraviar un cuaderno o un dispositivo digital en caso de que lo hiciera allí.

La salud y las redes sociales. Los discursos también forman tendencias. Si se considera que algo está bien, habrá halagadoras palabras de sobra durante un tiempo. No obstante, cuando la tendencia cambie, las palabras crucificadoras estarán preparadas para “salir del horno”.

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Esto se vive con las #Redes Sociales, lo que un día es la panacea de la tecnología, al otro es el mismo infierno hecho pantalla. El caso de Dixon, aunque aislado, es uno más de los que se destacan por los beneficios –y no perjuicios –de una red de comunicación. También hay evidencias de trabajos con personas autistas, con trastornos del habla y también motrices, además de que las redes han colaborado en el encuentro de personas perdidas, solicitudes para mejorar la salud de una persona, y otras tantas situaciones positivas que se gestionan por la vía de la virtualidad. Bienvenidas sean las buenas consecuencias de vivir en un ‘tecnomundo’.