Se pretende mostrar con este test propuesto por Alan Turing en 1950, la existencia de la inteligencia en una máquina, y es considerado además como uno de los mejores métodos para hacerlo por quienes se dedican al campo de estudio de la inteligencia artificial. Tal experimento consiste en realizar una serie de preguntas, que en habitaciones separadas responderán tanto un humano como un ordenador, y una especie de juez o jueces deben distinguir cuál es cuál. Se considera como superado tal test, si dicho juez no logra diferenciar al hombre del artificio.

Pero, ¿cuáles son las bases de este experimento? Es decir, ¿sobre qué se sostiene, y qué validez tendría, si la tiene? Tratemos primero su base teórica, que está más allá de los fundamentos de la lógica computacional.

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Se fundamenta en la tesis, consecuencia ésta del "positivismo", de que si un ordenador aparenta tener una conducta inteligente entonces ha de poseer inteligencia, (se está equiparando pues a un sujeto que conoce con uno que parece conocer como si fueran en esencia lo mismo).

Frente a ésto cabe resaltar, tal y como hace Roger Penrose, distinguido matemático que ha contribuido a la formación de varias teorías científicas, que en el concepto que se tiene de inteligencia no sólo se hace referencia a la capacidad de resolver problemas planteados de una manera satisfactoria, si no a la comprensión y búsqueda de verdades, capacidades que en último término son las que delimitan lo inteligente de lo mecánico.

Se sostiene por parte de la tesis emanada del positivismo ya sea directa o indirectamente, de manera consecuente con la misma, que la inteligencia, limitada a la resolución de problemas, es un mecanismo mental de carácter algorítmico, (la mayoría de ellos dirían que es cerebral), por lo que estaría sujeto a leyes matemáticas en última instancia.

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Si se diera tal determinismo, traducido en un relativismo epistemológico, no habría conocimiento ya que lo que nos parecería ser éste, en realidad sería un mero fenómeno debido a la misma determinación causal que habría en nosotros en base a dicho algoritmo matemático.

Como refutación de tal experimento, el ya mencionado R. Penrose rescata un "contra-experimento" mental ideado por John Searle, el denominado "la sala china", el cual es en esencia de igual forma que el de Turing salvo que aquí los individuos que estén en la habitación aislados no deben conocer en absoluto el idioma en el que se efectuarán las preguntas, (pondrán como ejemplo el chino, como indica el nombre del experimento). Se les darán unos parámetros en virtud de los cuales estas personas podrán dar respuestas consecuentes con las preguntas realizadas pudiendo equivocarse, pero sin entender qué se les está preguntando, y podrían con esos parámetros pasar el test de Turing.

Cabría preguntarse: ¿Es lo mismo entender que aparentar entender? ¿No hay una diferencia cualitativa entre ambos conceptos? Y por último, ¿se puede reducir la intelección a meros procesos algorítmicos, y de ser así, no estaría entonces causalmente determinada, por lo que no se podría hablar con propiedad de tal acción?