En el día de hoy se conoció la sentencia a la que fue condenado Yoshitomo Imura al encontrarlo culpable de fabricar armas con tecnología de impresión 3D y, además, divulgarlo  en la red con la intención de incentivar a seguir sus pasos. El castigo por violar las leyes de su país asciende a dos años y según se dijo, es la primera vez que se aplica la ley a la portación de armas impresas en 3D.

El suceso no pasaría de ser un acto delictivo de poca trascendencia si no tuviera algunas aristas legales y sociales alarmantes. Imura no solo fabricó armas de fuego y viralizó el tema en la web, sino que demostró lo fácil que puede ser contar con una pistola sin tener que comprarla.

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Cada país tiene su propia lucha contra la venta ilegal de armas, y sus propias normas para su adquisición legal, pero poco hay sobre la (im)posibilidad de imprimir, por ejemplo, un revólver. Ni hablar de la contención de datos virtuales que pululan en la Internet y que pudieran significar un peligro para la integridad de las personas como lo es facilitar información sobre la fabricación de armas caseras. Es por ello que el antecedente japonés marca un punto de inflexión en la legislación vigente de ese país pero, a la vez, es una voz de alerta para las leyes nacionales e internacionales.

Cuando la tecnología destruye. Lo que para algunos puede ser la salvación para otros puede significar una excelente oportunidad para dañar. En el último tiempo se han escuchado varias noticias que vincula la tecnología de impresión 3D con la medicina: fabricación de prototipos de órganos y prótesis son ejemplo de ello.

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Como contracara, comienzan a surgir los usos maliciosos, como el caso mencionado en Japón, uno de muchos otros que aún son incógnitas.

Los delitos vinculados a la tecnología y a la virtualidad están obligando a una revisión urgente de las leyes como también de las modalidades en que actúa la policía y la justicia. La criminalidad comienza a explotar herramientas que hasta no hace mucho eran pensadas como soluciones. El rumbo de la historia está cambiando, es momento de orientar la brújula nuevamente.