La definición de la biodiversidad es materia científica pero también lingüística. En el estudio de la diversidad biológica, como en otras áreas de la ecología, abundan las definiciones. En #Internet, por descontado, hay definiciones y explicaciones de la biodiversidad para todos los gustos. La contrapartida es que la "red de redes", todavía, no está sancionada, en el sentido de que no está -para bien o para mal- supervisada, salvo por el propio rigor del particular que sube los contenidos.

La ausencia de una "oficina" de censura central inherente a la red de redes se debe precisamente -y es su principal virtud- a su carácter deslocalizado.

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Así que la "censura" y la posible enmienda, como sucede con el aporte de información, debe emanar de la propia diversidad y heterogeneidad de los cibernautas, de su altruismo, o de su egoísmo, en ocasiones también útil. En Internet se corre el doble riesgo de desorientarse en un espacio virtual poblado de datos pero no siempre de información, y de interceptar contenidos triviales y sensacionalistas, cuando no llanamente sesgados o falsos. En la era de las pantallas múltiples, la información rigurosa, profunda y singular queda en parte reemplazada por otra clase de "información", redundante y superficial, tenuemente hilvanada en la "planicie virtual".

Escribiendo la entrada biodiversidad en el buscador Google se cosechan, en español, del orden de cuatro millones de páginas (3.920.000) en fracciones de segundo (búsqueda realizada en febrero de 2010; hecha la misma búsqueda el 11 de abril de 2012, ¡salen 13.900.000 páginas!).

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Ahora bien, la acepción inglesa biodiversity rinde cinco veces más (17.300.000 páginas; 54.000.000 páginas el 11 de abril de 2012). De un año a otro se producen fluctuaciones (esta vez claramente al alza) en el interés global por este tema.

El neologismo biodiversidad (ya no tan nuevo: surgió en los años 80 del pasado siglo), ha visto alterado su significado original, ya que hoy vienen siendo utilizado en las más variopintas situaciones y con los intereses más contradictorios, que son muchas veces parciales, cuando no llanamente partidistas (política, conservación biológica, educación, cultura, economía, industria, son sólo algunos de los campos en que la palabra biodiversidad se ha hecho un nido).

La biodiversidad engloba diferentes niveles de organización y por tanto requiere de diversos niveles de nomenclatura, como especies, genes, variedades, razas, cepas, o ecosistemas; en resumen, abarca toda la variedad biológica de taxones y escalas de organización que quepa imaginar. Ante esta vaguedad conceptual, Joseph Henry Vogel (1995) propuso una unidad supuestamente más objetiva de biodiversidad, aunque no necesariamente más clara que la más simple del diccionario de la lengua: la de "Funciones genéticamente codificadas".

Es probable que esta preocupación por la biodiversidad, refrendada por el número de resultados arrojados en una búsqueda en Internet, esté creciendo de forma pareja a la extinción de las especies.

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Podría parecer, en fin, que la biodiversidad es mayor en lengua inglesa. Lo que ocurre realmente es el dominio del inglés sobre el panorama de la comunicación científica. La ciencia se hace en múltiples idiomas, pero el idioma en que se comunica es, hoy por hoy, mayoritariamente, el inglés.

La realidad es que la mayor parte de la biodiversidad mundial reside en lugares donde los grupos humanos hablan otras muchas lenguas distintas del inglés, del castellano o del chino. La biodiversidad no tiene el inglés como lengua materna. La atesoran los países menos ricos, pero la información sobre la variedad biológica y su explotación la acaparan y capitalizan los países desarrollados. Por eso mismo sobre dichos países recae la corresponsabilidad en su protección.