La lucha contra las enfermedades en los países pobres puede impulsar de forma directa la economía. La mosca tsé-tsé es un ejemplo: transmisora de la tripanosomiasis de animales a humanos, ha impedido por décadas que se críe ganado en grandes extensiones de África. Y a la inversa, la dejadez en luchar contra la pobreza en dichos países, tiene como contrapartida la expansión de enfermedades. Otras asociaciones son posibles también, como el efecto de ciertos desarrollos, como la provisión hídrica, en el aumento de algunas infecciones y en su dispersión. Las inversiones en África existen pero todavía son a todas luces insuficientes, si el fin es mejorar la vida de los africanos y reducir su exposición a las enfermedades.

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No obstante, casi 130 países, las tres cuartas partes de la población mundial, se encuentran en el dudoso proceso conocido como "en vías de desarrollo", y aunque en algunos ya se haya instaurado el desarrollismo a expensas de sus propios recursos naturales.

El mosaico complicado de enfermedades que asola África es justamente eso: un "patchwork" patológico. Ni siquiera dos variedades de un mismo patógeno se comportan de igual forma entre un poblado y el siguiente, o entre la selva y una ciudad abarrotada pero sin infraestructura higiénica y sanitaria. Un número de esas patologías frecuentes en la región tropical (poco conocidas en occidente, es cierto, porque además pueden incubarse por varias semanas, meses o años) no tienen la obligatoriedad de ser declaradas: así la anquilostomiasis, la esquistosomiasis,…tampoco era obligatorio declarar, al menos a finales de los años 80 del s.

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XX, los casos individuales de fiebres hemorrágicas africanas, males nosocomiales (los que se transmiten en centros de atención sanitaria) como los ya conocidos filovirus Ébola y Marburg.

Los problemas sanitarios de esos países son una prioridad global. Así, el temor a la llegada de infecciones tropicales a los países del arco desarrollado ha promovido la creación de centros e institutos de investigación especializada en tales patologías. Sin embargo, los gobiernos van siempre un paso o muchos por detrás de los avances técnicos en este campo en cuanto a la gestión de #Crisis sanitarias. A menudo incluso retroceden varios pasos desde ciertos logros, como con el llamado "austericidio". Últimamente, en las últimas décadas puede decirse, no han hecho sino proliferar los errores operativos de los diferentes ministerios y presidencias responsables en momentos críticos, con justificaciones viles y chabacanas escapándose de la boca de los mandados de turno. Y se ha seguido sin abandonar la senda de la inoperancia con apaños, retoques groseros y litros de ungüento mediático de "olvidina".

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En los numerosos trances que se han vivido en este país, la realidad ha superado a la ficción más casposa: se ha culpado a los profesionales y se les han retirado medios para desempeñar su labor con eficiencia (esos medios pueden ser económicos, materiales, personales o de información, como se comprueba con la gestión inicial del ébola, como ocurrió con el nunca olvidado chapapote); haciendo que trabajen y paguen los que siempre sufren las externalidades (los profesionales sanitarios de todo el escalafón, los voluntarios que limpian y cuidan, los perros que son parte de familias humanas. Y todavía se oye a ciertos brutos mezclar churras con merinas diciendo por ejemplo que no deberíamos preocuparnos por un simple perro cuando tanta gente muere en África: a tales sujetos probablemente no le interesan un comino ni los africanos, ni las criaturas sacrificadas por un #Gobierno en desbandada. Gobernar es complicado. Gobernar bien ya parece un imposible. Y como soltó Manuel Fraga en la crisis de las vacas dementes, "nadie está obligado a hacer imposibles". Con no echar huesos de vaca al caldo...