Se ha hecho famosa la expresión "obsolescencia programada" para denunciar la estrategia que las grandes empresas de todos los sectores hacen para seguir vendiendo sus productos. En este artículo, no voy a desarrollar los pormenores de este término, sino a poner sobre la mesa la gran eficacia que las grandes marcas de este sector poseen para llevarse "el gato al agua".

El dato de una conocida tienda online, ha analizado el comportamiento de los que adquieren sus productos, resolviendo que más del 75% de los que utilizan este tipo de dispositivos móviles inteligentes (smartphone) los ponen a la venta en perfectas condiciones de funcionamiento y prestaciones (menos de 5 años) para comprarse otro modelo más actual y avanzado.

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A esto se le añade que esas grandes compañías tampoco ayudan a mantenerlos, incentivando el cambio de operador y regalando otro modelo sino regalado, a un bajo coste y, por otra parte, el sistema operativo, con sus actualizaciones, ralentizan el software del anterior dispositivo, impidiendo que se pueda usar de manera cómoda y placentera.

Hay por lo menos dos factores que hemos de tener en consideración a la hora de valorar el consumo continuado de este tipo de artilugios y, por tanto consintiendo la estrategia del "usar y tirar para volver a usar y luego tirar". En primer lugar, la frenética publicidad que nos "meten por los ojos" a todas horas, sea donde fuera y estés donde estés. En segundo lugar, la poca información que poseemos sobre las materias primas de las que están hechas y dónde acaba toda la basura electrónica que desechamos con sus consiguientes repercusiones para el medio ambiente.

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En respuesta al primero de los factores, está claro que aislarse en un reto casi imposible de alcanzar, por lo que deberemos reconocer que hemos de convivir con un casi determinismo publicitario que continuamente excita nuestros sentidos y nos empuja a desear lo que no es necesario y, en este caso, conveniente. Pero de lo que sí somos responsables es de no denunciar el acoso continuado de esta vorágine publicitaria, invadiendo continuamente nuestra capacidad de decisión. Pero, claro, para eso tendríamos que detenernos, reflexionar y discernir entre lo que nos conviene y sus consecuencias y lo que no nos conveniente y sus consecuencias.

Por otra parte, respecto al segundo de los factores, es extraño que la sociedad de la comunicación y de la información en la que vivimos, estos "aparatejos" nos hagan estar cada día más incomunicados y desinformados sobre las consecuencias gravísimas que conlleva despilfarrar, agrediendo continuamente nuestro entorno natural y los "bancos de exclusión" que implícitamente está generando el uso indiscriminado de tanta tecnología al alcance de algunos que tenemos la suerte de vivir con algo de dinero en el bolsillo y haber nacido en un continente que no padece ni hambruna, ni guerra ni otro tipo de calamidades.

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Y es que nos tendremos que volver a plantear aquella clásica expresión o máxima, como la queramos llamar, del gran ilustrado anti-ilustrado J.J. Rousseau que decía algo así como: el ser humano nace bueno por naturaleza, pero se corrompe en sociedad. ¡Que aproveche! #Telefonía móvil #Apps