Muchas carreras científicas se truncan antes de empezar porque los estudiantes, mal avisados y desorientados por docentes de mentalidad reumática y acomodada, cierran "sus" disciplinas a toda ulterior búsqueda. Hay que desconfiar sanamente (sano escepticismo, como suele decirse, que es la capacidad de preguntarse sobre lo ya escrito), no únicamente de los libros y sus contenidos, sino más bien de lo que nos cierra el paso al camino abierto por los científicos; estos han cortado en la jungla de la ignorancia una brecha por la que avanzamos nosotros; nuestro trabajo, pues, debería ser impedir que la brecha se llene de maleza y prolongar el sendero con ayuda de una buena brújula.

Anuncios
Anuncios

A veces los gobiernos o los poderes fácticos, el sistema educativo que resulta de esta organización, y algunos docentes sin vocación de tales, quizá por este mismo orden, oponen una antinatural resistencia a la fabricación de ciencia original y libre de cortapisas y adocenamiento. La ciencia "actual" no es actual, es de siempre; y por lo tanto, tiene futuro; no es un cul de sac del conocimiento humano: el conocimiento continúa a partir de lo que pone en los libros. Ahí es donde comienza la verdadera cacería. El famoso fisiólogo y médico experimental Claude Bernard, citando a Bacon, recuerda que "la #Investigación científica es una especie de batida de caza y las observaciones son las piezas".

Un científico ante un dogma debe siempre preguntarse ¿Pero y si no fuera así…? La ciencia no debe contemplarse como conocimiento monolítico, inmutable, sino como una sofisticadísima y útil herramienta (aunque, entiéndase, su valor no se limita al sentido utilitario, esto es, como utensilio del hombre; debemos comprender que la ciencia es un también una meta en sí misma).

Anuncios

La ciencia es flexible y dinámica, y busca constantemente su propia mejora y avance, limando imperfecciones a medida que construye conocimiento, desechando unas vías y tomando otras cuando es necesario. La ciencia debe permitirse revisar continuamente sus principios; el núcleo operativo de la ciencia en general, el método científico, admite y debe admitir una cierta libertad. En resumen, la ciencia podría quedar definida por dos cualidades no excluyentes: solidez y flexibilidad.

En el trabajo científico la honestidad y la humildad se dan por hechas, y no parece que esto sea posible si la ciencia se erige en una máquina generadora de verdades absolutas y dogmatismo rígido. Ha existido y existirá siempre la necesidad y la posibilidad de rectificar, de corregir y de enmendar. Nuevas preguntas, mejor dirigidas, más certeras, más afiladas. En ciencia importan tanto las respuestas como las preguntas, pues éstas dirigen la atención, los medios y recursos a los problemas más inmediatos o fundamentales. El investigador que afina su puntería da con más frecuencia en la diana.

Anuncios

Aquí podríamos incidir en que no todo logro en la ciencia puede atribuirse en exclusiva al método científico, ya que cuentan mucho otros factores relacionados con la capacidad de las mentes humanas (en plural) para resolver cuestiones y crear perspectivas y abstracciones de modo consciente e inconsciente. El método científico, visto de otra manera, puede beneficiarse de la intuición humana, al poner de su parte su poder para convertir la intuición en hechos demostrables.

Por cierto, no necesariamente un problema inmediato será siempre un problema fundamental. Un ejemplo de problema inmediato, o acuciante para la ciencia, puede ser aquel de cuya solución dependa la supervivencia o el bienestar de la especie humana en un plazo razonablemente breve (como la conservación de la naturaleza o la extinción de las especies, las enfermedades, el buen uso de los recursos energéticos de que disponemos). Sabemos que el cáncer nos mata y debemos buscar formas rápidas de atajarlo, prevenirlo y combatirlo hasta que desaparezca; ese es el planteamiento inmediato del problema.

El planteamiento fundamental del problema quizá requiere de un cambio radical de perspectiva, uno que no preste tanta atención a los síntomas próximos de la enfermedad y se acerque más a las causas últimas. Nos deberíamos plantear preguntas como: ¿Por qué enfermamos? ¿Cuál o cuáles son las causas últimas de la enfermedad -no sólo del cáncer- en el hombre? ¿Qué significado tiene la enfermedad, si es que tiene alguno? ¿Por qué hay gente o animales, o plantas, que no enferman? ¿Qué podemos aprender de la enfermedad?

La inmediatez del planteamiento fundamental es discutible; no parece, en un primer vistazo, urgente para la supervivencia del hombre a corto plazo, pero es decisivo para el avance del conocimiento profundo que, a largo plazo, nos permitiría solucionar el asunto definitivamente. Entre ambos extremos, el inmediato y el fundamental, cabe una amplia gama de problemas ordenados por grado de urgencia. Se ha oído criticar con violencia lo indebido de destinar dinero a la exploración del espacio cuando aquí en la tierra tenemos problemas más importantes y urgentes, de los que como ejemplos se suelen citar, precisamente, el cáncer, o la pobreza, o la inmigración. Deberíamos caer en la cuenta de que la investigación de los problemas fundamentales, muchos de los cuales pueden ser aparentemente -sólo aparentemente- triviales e inútiles para el hombre (como la exploración del espacio), no es el principal impedimento para solucionar los problemas urgentes. Casi todos los "problemas" que el hombre afronta sobre la faz de la Tierra son de índole ecológica, o se podrían explicar recurriendo a la ecología. Así que quizá deberíamos hacer como el paleontólogo Juan Luis Arsuaga cuando el primer día de clase, frente a la pizarra, pregunta a sus estudiantes si saben cuáles son las características que hacen únicos a los seres humanos en la biosfera actual.

Acaso sea el humano el primer organismo de este planeta que tenga consciencia de su presencia y papel en el mismo como especie, y de que su supervivencia, también como especie, depende de muchas variables (ecológicas, evolutivas, cosmológicas) que escapan seguramente a su control. Y el conocimiento se construye a veces por saltos cualitativos, que no se producen sin mirar, aunque sea de soslayo, hacia los problemas fundamentales, para ver pasar, a menudo por el lugar más inopinado, una posible respuesta. Pero sobre todo una nueva pregunta.