Los viajes inspirados por Fernando de Magallanes tras cruzar el Cabo de Hornos y alcanzar Indonesia (que los navegantes españoles -aunque Magallanes era Portugués, exploraba para el rey Carlos I- llamaban las Islas de las Especias) en el siglo XVI, se sucedieron por centenares mientras se establecían colonias hispanas en Filipinas, Guam, las Islas Marianas y las Carolinas, se llegaba a ejercer control en el extremo occidental de Nueva Guinea, y aparecían colonias españolas al norte de Borneo. Expediciones como la de Pedro Fernández de Quirós dieron con islas remotas, como el archipiélago de Vanuatu, hoy una república insular independiente donde pueden encontrarse señales de la presencia española (así, la isla Espíritu Santo, nombrada así por Quirós, la mayor del grupo).

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Resulta de gran interés comprender en qué medida diversos episodios de colonización y contacto con las naciones occidentales han ido configurando y cambiando la faz de las islas oceánicas de todo el planeta. En este contexto de globalización sufrido por los ambientes insulares, el pacífico ofrece tal vez el panorama más complejo, en parte por su extensión, en parte por su atomización y dispersión, y por la secuencia de impactos ecológicos que se han producido en estos entornos cuasi-aislados. Desde luego, el proceso de cambio, aculturación y modificación irreversible de las biotas insulares oceánicas continúa hoy en el Pacífico a expensas de los cambios globales, el desarrollo tecnológico y consumo de espacio de los occidentales y de las nuevas sociedades emergentes isleñas, notablemente hibridadas o absorbidas.

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Se ha llegado a sugerir que la presencia europea en general, y la española en particular, dejó su impronta biológica (genética) y acaso tecnológica en las islas del Pacífico en la época del Virreinato. Robert Langdon en su libro "La carabela perdida", ofrece argumentos en favor de la idea de que cientos de náufragos europeos pudieron haberse establecido en esas islas, modificando su cultura y su naturaleza y mezclando sus genes con los de la población nativa.

Este debate tiene que ver con la noción, ya un tanto trasnochada, de que los pueblos originarios de las islas del Pacífico no pudieron haber desarrollado sus habilidades tecnológicas (la de la navegación entre ellas y una de las más valiosas) sin la influencia europea. Pero contra lo que se pensaba, hoy surge la posibilidad fundada, por ejemplo, de que fueran navegantes polinesios los que introdujeran la batata en el Pacífico y el sudeste asiático 500 años antes de que Colón navegara desde San Sebastián de La Gomera hacia el Caribe y trajera muestras del tubérculo dulce "camote" (la batata, Ipomoea batatas, es una planta con flores de la familia de las convolvuláceas) a Europa.

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También los incas pudieron haber alcanzado las Islas Marquesas llevando consigo el camote, a lo cual apuntan pistas lingüísticas: con una voz similar a "kumara", "kumala" o "kumal", se nombra a la batata en quechua, aymara, maorí y el pascuense de Rapa Nui. O quién sabe si los mismos polinesios llegaron a las costas de Sudamérica y se trajeron la planta en el viaje de vuelta. Tal vez las semillas de batata fueron transportadas por algún ave hasta las islas desde el continente, pero la hipótesis de la introducción humana va ganando enteros a medida que aumentan las evidencias lingüísticas y genéticas. Así pues, los genes de la batata, entre otras pruebas, han hablado en favor de las capacidades de los indígenas polinesios para desenvolverse sin invocar la intervención de los europeos.

Entretanto, a causa del #Calentamiento global, la batata se verá beneficiada por el aumento de la temperatura, pues el tubérculo crece a mayor ritmo en un ambiente tropical. Es probable que, en décadas venideras, uno de los mayores impactos generados en los países industrializados que acarrearán consecuencias desastrosas para las islas del Pacífico sea el ascenso del nivel marino (algunos "escenarios" pronostican una subida de hasta 1 metro). Este ascenso puede alterar de varias maneras las biotas insulares, inundando islas bajas y salinizando acuíferos, además de desplazar a millones de personas y destruyendo sus cultivos.