Imaginemos una situación de película: un personaje X acaba de ser abandonado por su pareja, de inmediato, entre sollozos, lamentos y algún que otro insulto, recurre a dos consejeros fieles, esos que nos consuelan en los momentos de tristeza: el refrigerador y la computadora. La comida, el ordenador y la angustia son una combinación ciertamente estereotipada por el cine, pero no muy lejos de lo que en la vida real sucede, porque cada emoción tiene su propia reacción y su particular lenguaje.

Dejando de lado la comida, un grupo de científicos partió de la hipótesis de que conocer el estado de ánimo de las personas puede ser una buena estrategia de venta, y para ello se centró en los mensajes escritos en medios de alcance masivo, como redes o blogs.

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Pero claro, examinar mensaje por mensaje no sería eficiente, mucho menos útil, entonces desarrollaron un sistema informático cuya función es analizar el contexto emocional de esos discursos.

La novedad se acaba de publicar en una revista -Sistema de Información -y es el resultado al que arribaron Changqin Quan y Fuji Ren, dos emprendedores que diseñaron un sistema informático capaz de detectar emociones a partir de un complejo código binario. A diferencia de otros programas que buscan identificar emociones, el modelo propuesto consiste en un análisis más extenso que tiene como premisa un examen integral de distintos niveles lingüísticos, que va más allá del léxico e incluye el modo en que está redactado y la construcción de la frase (sintaxis y pragmática). Como resultado de esta "lectura informática", el sistema podrá detectar hasta ocho emociones diferentes, entre las que se menciona la alegría y el odio.

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En una era en donde cada simple acción o acontecimiento es de inmediato reflejado públicamente en la red, contar con una herramienta capaz de realizar una "lectura emocional" hará posible, según se explica, que las empresas orienten sus estrategias de venta. Esto se conoce como marketing emocional, una forma de entender el mercado del consumo a través de los estados de las personas. Siguiendo el razonamiento, si no decimos lo mismo cuando estamos tristes que cuando nos encontramos ansiosos, entonces, de acuerdo al marketing emocional, tampoco consumimos lo mismo en cada uno de estos contextos.