Todavía hoy día, aquellas personas que se deleiten pidiendo a préstamo un libro en una biblioteca tradicional, deberán entregar a cambio poco menos que el alma, es decir, un par de datos personales para cumplimentar con los trámites correspondientes. Hecha la gestión, se podrá salir de ese recinto sagrado que alberga a millones de #Libros conocido como biblioteca, con el ejemplar prestado bajo el brazo. Sin embargo, tal vez sea hora de cambiar los hábitos y acostumbrarse de una buena vez por todas, a que en el futuro no habrá más libros, mas sí biblioteca. Como ocurre en la #Universidad Politécnica, ubicada en la Florida (EE.UU), donde se acaba de inaugurar una biblioteca sin un solo libro… en papel.

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Para muchos de nosotros podrá resultar excéntrico, pero las circunstancias históricas nos obligan a aggiornarnos. De la mano de muchos otros avances -no únicamente tecnológicos -, apareció el libro electrónico o e-book. Y, como no se haría esperar, también trajo a las bibliotecas electrónicas (¿o las e-library?).

Detalles del la biblioteca virtual. El nuevo almacén de libros, contrario a lo esperado, cuenta con una gran superficie, destinada no a gigantescas estanterías con libros, sino a espacio de trabajo y lectura. Ordenadores y escritorios cubren el edificio, transformándose en un salón de lectura colectiva. Entre las ventajas de tener una versión digital, cabe destacar la posibilidad de que existan varios lectores a la vez, es decir préstamos en simultáneo.

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Además, se evita el desgaste de los ejemplares y, por lo tanto, la inversión continua en reposición. Así, en lugar de comprar libros perdidos o rotos, se puede destinar el dinero a la adquisición de nuevo material.

Aunque pueda sonar futurista, la sala de libros electrónicos que implementó la universidad de Florida no es la primera, en Texas también se hicieron presente los préstamos virtuales. Y por tratarse de la biblioteca de una universidad técnica, la mayor parte de los títulos están relacionados con sus incumbencias: matemáticas, ingenierías, entre otras.

¿Será el principio del fin? Quién lo sabe. Desde los primeros prototipos hechos para la lectura electrónica -Memex, (1945), Xanandú (1965) -hasta llegar a lo que se comercializa hoy día, pasaron unos cuantos años. Sin embargo, por lo menos asusta a quienes gustamos del placer de un libro en las manos, la celeridad con que los hábitos cambian. Por lo pronto, habrá que renovar la identificación de socio y meterse de cabeza en los altos estantes a rastrear ese libro incunable. Claro, mientras la bibliotecaria lo permita. #Educación